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Wednesday 8 May 2024 | Actualizado a 18:29 PM

The Economist y el (neo) liberalismo

Bolivia es un país soberano, que tiene entre sus propósitos el crecimiento y el desarrollo económicos

Efraín Huanca Quisbert, economista

/ 3 de mayo de 2023 / 07:36

El mensaje es claro. Volver al neoliberalismo. Desde Europa, desde Londres, con el conocimiento a medias de la realidad de un país, vierten opiniones que chorrean a ideología claramente neoliberal, aunque ventilan liberalismo. Desconocen, o se hacen de la vista gorda, de lo que sucedió en Bolivia a mediados de los años 90 del siglo pasado y se repitió en 2020, cuando el neoliberalismo destrozó la economía, cuando las inversiones extranjeras directas privadas alcanzaron su máximo nivel a costa de vender tramposamente las empresas estatales que los mismos neoliberales urdieron para convertirlas en deficitarias y venderlas a precio de gallina muerta. Eso es lo que propone The Economist, la también transnacional de la comunicación, en un artículo publicado el18 de abril.

Su política editorial: “promover la ‘sabiduría de los mercados’ y combatir toda intervención de los poderes públicos”; sin embargo, como toda regla tiene su excepción, dirá The Economist, ya que en el mercado la competencia no funciona, en su interior, en su propia producción, puesto que los artículos no tienen firma ya que “la ausencia de firma favorece la cooperación entre periodistas”, dice; es decir, dicho de otra manera, “consagrado desde hace un siglo y medio a la promoción de la competencia universal, el semanario se basa en el principio inverso —la cooperación—, para organizar su propia producción” (Le Monde Diplomatique, 2012), o sea, la prestigiosa revista no practica lo que pregona, de la misma manera que los que profesan el libre mercado no lo hacen en la práctica, es un discurso para otros.      

Con relación a nuestro país, The Economist indica que “Bolivia está al borde de una crisis económica y su modelo está en quiebra”, y que la verdadera causa es que “es un modelo económico imprudente que ha existido desde que los populistas de izquierda tomaron el poder hace casi dos décadas” y que “ahora el costo total del populismo económico se está volviendo caro”.

Toma como punto de partida, con mucho énfasis, la escasez coyuntural de dólares como si fuera el elemento central, considerándolo el termómetro de la economía; sin embargo, omite la existencia de un proceso interno de bolivianización que privilegia la moneda boliviana en las transacciones internas de la economía. Además, cabe indicar que esta escasez del billete verde es coyuntural, que no refleja, de ninguna manera, una posible insolvencia de la economía, menos un modelo económico en quiebra.

Haciendo un paralelismo de este hecho coyuntural, olvidan lo que es imperdonable como representantes de la aristocracia financiera transnacional, que ante la necesidad de una parte de la población por recuperar sus ahorros de cualquier entidad bancaria, estos no pueden ser devueltos simultáneamente en un corto periodo de tiempo, puesto que ese dinero se encuentra circulando en toda la economía, es parte integrante de la cartera del sistema financiero. 

Sin embargo, el tema central es el tamaño de la torta, la magnitud y el ritmo como se desenvolverá el producto; el FMI, que es la base de la reflexión de The Economist, cree que sería de 1,8%, que es bajo, en consecuencia la cuenta corriente de la balanza de pagos será negativa y, por lo tanto, las reservas internacionales serían menores a la cuenta corriente. De acuerdo con el Programa Fiscal Financiero boliviano, el PIB crecería cerca del 4,9% en condiciones de normalidad, lo que supera ampliamente los pronósticos fondomonetaristas.

Finalmente, cabe indicar que Bolivia es un país soberano, que tiene entre sus propósitos el crecimiento y el desarrollo económicos —temas ajenos a The Economist, que privilegia el mercado y los precios—, a partir de la implementación del Modelo Económico Social Comunitario Productivo con sustitución de importaciones, donde el Estado tiene el papel de productor, regulador, coordinador y planificador del desarrollo.

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El FMI y la economía boliviana 2023

/ 17 de abril de 2023 / 02:33

El Fondo Monetario Internacional (FMI) publicó hace unos días las proyecciones de crecimiento del producto para la economía en su conjunto y para las diferentes regiones del mundo. Las perspectivas de crecimiento económico para el producto mundial realizadas en abril para 2023 se sitúan en 2,8%; en enero de este año decían 2,9%; y si comparamos con las proyecciones que se hicieron el año pasado en abril para este año, que fue de 3,6%, la caída es más pronunciada.

La explicación del bajo nivel del producto mundial se encuentra en la caída de las economías avanzadas, que tiene una proyección de 1,3%, y sobre todo de Alemania y Reino Unido con tasas de crecimiento negativas que contrastan con las economías emergentes y en desarrollo que tienen una proyección de 3,9%.

Este hecho es explicado por la alta inflación imperante y por las medidas de política monetaria para enfrentarla, y las ulteriores consecuencias negativas al sector financiero, afectando en un incremento de los costos de financiación para los bancos, lo que puede ocasionar recortes en la otorgación de créditos que, a su vez, haría que se vuelva más lenta la actividad económica, con la consecuente disminución del producto. Si este fuera el escenario, en un caso extremo, el FMI propone un escenario alternativo con perspectivas más negras aún, pues el producto mundial registraría 2,5% de crecimiento del producto para 2023.

Esto es lo que sucede en el centro.

Con escenarios de crisis recurrentes y más profundas. Las crisis como algo normal en la evolución del capitalismo. Y el FMI, en ese su convencimiento neoliberal de generalizar y de no particularizar, de pensamiento único, impedido de pensar que Bolivia tiene otra realidad, porque tenemos otro modelo económico donde se porfía la estabilidad económica e inmediatamente la reconstrucción de la economía boliviana.

Sin duda, la posibilidad de ocurrencia de estos escenarios en el centro tendrá sus efectos en la economía boliviana. De hecho, el FMI nos dice que Bolivia crecerá 1,8% en 2023 y que tendremos una leve mejoría en 2024, con 1,9%. También, días atrás, el Banco Mundial (BM) nos rebajó la previsión a 2,7%, lejos del 3,1% hecho en enero de este año.

Aquí es importante destacar la mantención de la estabilidad de precios que permite que nuestra moneda conserve su valor, ya que tiene su fundamento macroeconómico en las políticas monetaria y fiscal que apoyan e impulsan el desarrollo productivo boliviano, ahora con énfasis en la sustitución de importaciones.

En ese sentido, la política de sustitución de importaciones aplicada en nuestro país tiene entre los más importantes avances la Planta Siderúrgica del Mutún (ESM), la planta de biodiésel y la producción de etanol, y la planta industrial de carbonato de litio, que son los proyectos de gran magnitud que iniciarán su producción este año y que liderarán el proceso de la sustitución de importaciones en el conjunto de la economía.

Además, es importante destacar el proceso de bolivianización que privilegia, como sistema de pagos, las transacciones internas en nuestra moneda; el impulso que proporciona la inversión pública; la reducción sistemática del déficit fiscal; la redistribución de los excedentes, entre otros.

Finalmente, cabe indicar que el proceso económico requiere para su desenvolvimiento estabilidad política y social. Con seguridad que si tenemos un conflicto como ocurrió a finales del año pasado en Santa Cruz, la magnitud del producto no será como el planificado a inicios de este año, ya que las actividades económicas se realizan en el seno de la sociedad, son una relación social.

Efraín Huanca Quisbert es economista.

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Inventando la realidad del tipo de cambio

/ 28 de marzo de 2023 / 01:45

En el mundo de la superestructura de la sociedad, la utilización de ciertas ideas tiene la capacidad de crear expectativas a través de rumores, noticias falsas, noticias parciales o medias verdades, que inducen a la población, que la predisponen a que asuma determinadas formas de comportamiento. A pesar de lo rústico de esa forma de administrar las ideas, tienen un objetivo, persuadir a la gente para que adopte determinadas actitudes y lleve a cabo ciertas actividades.

Tienen la capacidad de recrear una realidad que no existe, por esa razón se puede afirmar que tienen los elementos para construir la realidad; solo falta activar el disparador y a través de determinados canales comunicacionales, de una manera sistemática, ordenada y sincronizada, distorsionar la realidad. Esto mismo sucede desde hace unas semanas con el tema de la cantidad de dólares en la economía boliviana. Veamos con más detalle.

La estabilidad de precios es patrimonio de todos, pero no es compartida por ciertos personajes que se dieron a la tarea de lanzar opiniones subjetivas amplificadas por medios de comunicación cuya función fue llegar a la gente con el objetivo de introducir miedo y pánico en la población.

Gonzalo Chávez decía: “Las últimas semanas el mercado de las divisas está al borde del ataque de nervios” y “al final, el lobo llegó”. Gabriel Espinoza manifestaba que: “Hay un escenario muy malo para las reservas internacionales”. Antonio Saravia decía: “Con la soga al cuello”. Con esas declaraciones encendían el fuego de la especulación. Estas declaraciones fueron identificadas por el gerente general del IBCE, Gary Rodríguez, quien llamó a la calma y reflexionó a los opinadores cuando dijo: “Lo exagerado de las críticas de los políticos y analistas alentaron expectativas negativas, conflictuaron a la gente”, que generaron “un fenómeno de especulación por parte de los intermediarios y una genuina preocupación de personas que quieren pasar sus ahorros de bolivianos a dólares”. Alberto Bonadona calmó la hoguera cuando sostuvo: “Creo que el Estado puede todavía disponer de dólares para costear las importaciones porque tiene otros activos financieros en las reservas internacionales”.

Las expectativas negativas tomaron como referencia la hiperinflación de los años 80 del siglo pasado, como si los determinantes fueran los mismos (y este es el manejo poco honesto de estos economistas); y las expectativas actuales se centraron en exacerbar y exagerar la disminución de reservas internacionales como si ya no se fueran a recuperar y como si el país dejara de exportar, y azuzaron a la población de que el país ya estaba en el descalabro económico y la indujeron a buscar desesperadamente, en un escenario de pánico, un refugio monetario. Y la gente encontró en el dólar una reserva de valor ante la posible pérdida de valor de la moneda boliviana, puesto que en la época actual el billete verde es la moneda universal. De esta manera se construyó de una manera inducida, artificial y momentánea que la demanda de dólares se sitúe por encima de la oferta de los washingtones que, sin embargo, gracias a la intervención del ente emisor, de una manera lenta y segura se niveló; sin embargo, es preciso reconocer que este exceso de demanda respecto de la oferta de dólares no refleja lo que sucede en el conjunto de la economía, puesto que el proceso de la bolivianización hace que todas las transacciones económicas al interior de la economía sean hechas en moneda boliviana y, por lo tanto, no hay necesidad de demandar dólares, sino tan solo con el objetivo de conformar un refugio de valor; de la misma manera, las necesidades de dólares para la importación tienen un comportamiento regular, predecible y atendible por el sistema bancario y monetario.

La construcción ficticia de expectativas negativas tiene patas cortas, puesto que la realidad de la situación económica boliviana, que tiene entre sus cualidades principales la de preservar la estabilidad de precios como condición para el crecimiento y desarrollo económico, fluye de manera normal, con sobresaltos que son ecos de la crisis internacional que tiene como característica central la inflación y la casi disminución fatal de la producción, con la consecuente subida de las tasas de interés como elemento que frene esta escalada de precios con consecuencias desastrosas para la economía mundial y, obviamente, para el comercio internacional de la economía boliviana.

Efraín Huanca Quisbert es economista.

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El oro, las reservas y la soberanía

/ 1 de marzo de 2023 / 01:30

Cuando miramos el árbol y no el bosque perdemos el sentido de las propuestas y corremos el riesgo de perdernos en los detalles y no considerar lo sustancial. Algo parecido sucede cuando consideramos el papel del Banco Central como entidad independiente del conjunto de la economía sin referirnos a su papel no solo en el crecimiento, sino en el desarrollo económico.

Es muy útil recordar que los bancos centrales históricamente fueron instrumentos para la acumulación de capital que facilitaron la transición del medioevo europeo al capitalismo moderno. “Una vez consolidado el proceso de industrialización, se cristalizó una división internacional del trabajo donde unos producían mercancías manufactureras y otros materias primas, por lo general. Pero no solo el libre comercio se transformó como una ideología dominante sino también los bancos cambiaron de función, de papel y que a partir de entonces solo cumplirían la función de ser los guardianes del valor de la moneda y se ocuparan solo de la inflación” (Matías Vernengo, Una nota sobre los bancos centrales en el centro y la periferia: estancamiento secular y restricción externa, 2020). Ahora bien, no es descabellado pensar en una banca central que tenga entre sus principales funciones implementar los controles al flujo de capital y la acumulación significativa de reservas de dólares y de oro, que se constituyen en requisitos indispensables para planificar un desarrollo económico.

En estos días se viene considerando la aprobación de la posibilidad de gestionar las reservas internacionales en oro ya sea para comprar, vender, gestionar liquidez o elegir el mejor destino de las Reservas Internacionales por parte del Banco Central de Bolivia. Tiene debatiendo a distintas agrupaciones, como ser la cámara de exportadores, los cooperativistas mineros e instancias gubernamentales como el Banco Central de Bolivia y el Ministerio de Economía y Finanzas Públicas, y economistas y políticos de toda clase social.

El quid de la cuestión se encuentra en la “Ley de compra de oro destinado al fortalecimiento de las Reservas Internacionales”, cuyo objeto es “autorizar al Banco Central de Bolivia-BCB, la compra de oro del mercado interno para el fortalecimiento de las Reservas Internacionales y efectuar operaciones financieras con las Reservas Internacionales en oro en los mercados internacionales”, lo que está anotado en su artículo 1. La compra de oro del BCB en el mercado interno se pagará en moneda nacional, tomando como base el precio de la cotización internacional del oro, en condiciones competitivas. Las ventas de oro en el mercado interno destinadas exclusivamente a incrementar las Reservas Internacionales están exentas del Impuesto a las Transacciones (IT) y sujetas a la tasa cero del Impuesto al Valor Agregado (IVA). El BCB realizará operaciones en los mercados internacionales con las reservas en oro, a fin de optimizar la liquidez y/o el rendimiento de las Reservas Internacionales.

Con la compra interna de oro se incrementarán las Reservas Internacionales. El hecho de pagar en bolivianos es un beneficio para los vendedores de oro porque ya no realizarán el rodeo de cobrar en dólares y convertirlos en bolivianos, sino que ahora los vendedores directamente tendrán la moneda boliviana a un precio de la cotización internacional del oro. El BCB continuará el proceso de la bolivianización, que le permitirá continuar con la autonomía y soberanía en la política monetaria y cambiaria. Un aspecto importante es que el BCB realizará operaciones en los mercados internacionales con las reservas en oro a fin de optimizar la liquidez y/o rendimiento de las Reservas Internacionales, este hecho tiene que ver con la función del banquero de buscar el máximo rendimiento a cualquier activo, en este caso el oro. El BCB podrá incrementar las Reservas Internacionales en oro. Con estas acciones se estaría dando un paso importante para que las reservas se constituyan en un elemento importante para el crecimiento y desarrollo del país. Se estaría insuflando más moneda nacional real a la economía interna y se incrementarían las Reservas Internacionales. Lo más importante, tendríamos que el proceso de la bolivianización proporcionará las bases para incrementar las Reservas Internacionales en oro y dar pasos importantes para otorgar las condiciones para un crecimiento económico sostenible.

Efraín Huanca Quisbert es economista.

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Economía boliviana 2022

/ 14 de febrero de 2023 / 02:07

El PIB creció en 4,3% al tercer trimestre de 2022; en esa gestión se tuvo una recaudación tributaria de Bs 58.668 millones —superior a la registrada en 2021, que fue de Bs 49.018 millones—, donde el IVA tuvo el mayor protagonismo con Bs 22.027 millones, reflejando el dinamismo de la producción; la balanza comercial a diciembre de 2022 registró un superávit de $us 603 millones; la inflación acumulada a diciembre fue de 3,1%; se registró una disminución en el ritmo del déficit fiscal global a diciembre de 2022 de -7,2%, a principios de gestión se tenía una proyección de -8,5% en el Programa Fiscal Financiero, y con déficit corriente (ingresos corrientes menos gastos corrientes) de -0,3%; y una tasa de desocupación urbano de 4,1%.

Estas son las cifras de un año de reconstrucción de la economía boliviana; sin embargo, las Reservas Internacionales Netas (RIN) se constituyeron en un elemento central al que debemos prestar atención. Más allá de esta circunstancia negativa, la economía boliviana se desenvuelve en un escenario de crisis e incertidumbre internacional, continuando su rumbo ondulante de crecimiento con estabilidad de precios.

Es indispensable realizar una retrospección histórica del comportamiento de las RIN para comprender su situación actual, para eso nos retrotraeremos desde finales de 2019 hasta la actualidad.

A fines de octubre de 2019, las RIN fueron de $us 6.830 millones y a fines de octubre de 2020, de $us 5.578 millones, que significa una disminución de $us 1.252 millones. El periodo transcurrido fue de 12 meses, que en promedio mensual significa $us 104 millones. En noviembre de 2020, las RIN fueron de $us 5.305 millones y a noviembre de 2021, de $us 4.890 millones, una disminución de $us 687 millones, que en 12 meses, en promedio, fue de $us 57 millones. La disminución de las RIN en el periodo del gobierno transitorio de Áñez fue casi el doble del periodo de aplicación del Modelo Económico Social Comunitario Productivo (MESCP).

Ahora si consideramos a las RIN en noviembre de 2021, que fueron de $us 5.305 millones y a diciembre de 2022, de $us 3.796 millones, esto significa una disminución de $us 1.509 millones, que en un periodo de 26 meses representa un promedio mensual de $us 58 millones, es decir, que las RIN mantuvieron estabilidad en la disminución. Como que las RIN se equilibraron a una situación de crisis internacional. Lo que toca ahora es reconstruir las RIN de la desastrosa disminución de las RIN del gobierno de Áñez. Lo que se redujo en 26 meses del MESCP, Áñez lo disminuyó en 12 meses.

Ahora bien, la deuda externa en relación al PIB. En 2019 fue de 27,4%, en 2020 registró 33%, el más alto del periodo 2006-2022 y, sin duda, el más bajo del gran endeudamiento externo del periodo neoliberal que tuvo, en este periodo, como rango el 99,1% de 1987 al 51,6% de 2005; sin embargo, las RIN en 2020 disminuyeron, es decir, al más alto nivel de endeudamiento externo las RIN cayeron.

Ese gran endeudamiento externo de 33% no se trasladó a la inversión pública, ya que la tasa de ejecución de la inversión pública fue de apenas el 41%. Cabe hacerse una pregunta, ¿a dónde fue a parar esa inmensa cantidad de dinero?

Finalmente, dada la situación de incertidumbre internacional, el modelo de sustitución de importaciones con fomento a las exportaciones dentro de un modelo integral se constituye en una alternativa de actualidad pertinente. Es sabido que, dada nuestra posición en la estructura de la economía mundial de centro-periferia, las tareas de reconstrucción serán más difíciles y complicadas, pero que deben ser hechas con prontitud.

Efraín Huanca Quisbert es economista.

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El litio, los peligros y la economía

/ 30 de enero de 2023 / 01:30

Los lapidarios informes sobre el cambio climático están induciendo a que la tecnología y la lucha contra este fenómeno vayan de la mano para evitar la catástrofe mundial de tener un planeta contaminado y que sea fuente de diferentes enfermedades. El futuro ya llegó, porque para 2030 las constructoras de automóviles solo producirán autos eléctricos, por lo que la industria automotriz está en un proceso acelerado de transición hacia el uso de tecnologías totalmente eléctricas, donde el litio será sencillamente esencial, es decir, se constituirá en un mineral estratégico, clave para la transformación de la matriz energética mundial.

La producción masiva de vehículos eléctricos es una carrera desenfrenada donde ya están dando pasos importantes Tesla, Dacia, Fiat, y otros, que tendrá enormes repercusiones en la demanda de litio, además de níquel y cobalto.

En este escenario, con una demanda cada más creciente los precios tienden a incrementarse; pero, veamos el lado de la oferta, la producción de litio.

El negocio del litio no es la venta del litio sin procesar, el mineral, sino las baterías de iones de litio.

Como se sabe, en el mundo existen 80 millones de toneladas de reservas identificadas, de acuerdo con estimaciones hasta 2019. Bolivia tiene las mayores reservas con 21 millones de toneladas, Argentina con 17 millones de toneladas, Chile con 9 millones de toneladas, Estados Unidos con 6,8 millones de toneladas y Australia con 6,3 millones de toneladas.

Con esta gran cantidad de litio, el país se constituye en un lugar apetecible para las grandes transnacionales —que conjuntamente a sus gobiernos— pretenden entrar al negocio del litio, lo que implicaría que las ganancias se vayan al exterior vía transferencia de utilidades, transferir ganancia al exterior, una forma de Hood Robin —un Robin Hood al verres—.

En esta carrera los gobiernos de los países desarrollados, a través del Fondo Monetario Internacional (FMI), ya iniciaron su arremetida, pues el Fondo en su documento de la Consulta del Artículo IV de 14 de septiembre de 2022, dice que se necesitan reformas por el lado de la oferta para promover la inversión en hidrocarburos y minería, para lo cual “las leyes de minería deben revisarse para fomentar la inversión privada en el sector de lito, entre otros.” Y, más adelante, Bolivia puede “acelerar el desarrollo de los recursos del litio en el país”. El FMI, como un portavoz de las empresas multinacionales, tiene claro por dónde ir tras el litio: es restaurando el orden neoliberal. Y esto tiene mucho que ver con los neoliberales de Bolivia, especialmente de Santa Cruz.

Los Estados Unidos, a través de Laura Richardson, comandante del Comando Sur de Estados Unidos, al tener una mínima parte de las reservas de litio, mira con mucho interés el triángulo del litio —conformado por Bolivia, Argentina y Chile—, que considera a esta zona como un elemento de mucho interés para su seguridad nacional y, de acuerdo con sus intereses, incluso para las democracias de la región.

Por donde se lo vea se viene un tiempo de bonanza económica con una magnitud importante de excedente económico que será amplificado por el lineamiento y el buen manejo del Modelo Económico Social Comunitario.

La producción de litio, con los resultados que pueda arrojar como excedente económico en Bolivia, que tiene la propiedad de las reservas de litio, ahora tiene la capacidad de iniciar una nueva época de crecimiento económico y, también, por qué no, de desarrollo económico, con el destino del excedente económico direccionada adecuadamente. Sabida es la asimetría existente entre el periodo de bonanza económica y la caída, una vez que se termina la magnitud del excedente económico, por lo que los resultados de la explotación del litio deberán destinarse, basados en una orientación orgánica, a favor de la sociedad boliviana.

Efraín Huanca Quisbert es economista.

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