Voces

Wednesday 3 Apr 2024 | Actualizado a 20:29 PM

El MAS: En búsqueda de un ‘otro’

Mario Vega Yáñez, politólogo y docente de la UMSA

/ 3 de mayo de 2023 / 07:41

Freud en su libro Psicología de masas y análisis del yo, de 1921, advertía que la construcción de una identidad individual o colectiva se basaba en relaciones; es en base a la comparación con el otro que se construye el yo como modelo, como objeto, como amigo o enemigo.

Todo discurso hegemónico está estructurado a raíz de un “otro” que es necesario para la supervivencia misma del movimiento como un actor —o conglomerado de actores reunidos en un movimiento popular—, como elemento vital que le da su razón de existir. La lucha con ese enemigo que no permite al grupo llegar al paraíso o estado ideal es la motivación para seguir manteniendo vivo y unido a este grupo.

Esta lógica se fue repitiendo en la historia política de Bolivia una y otra vez, con cambios vertiginosos en estos últimos tiempos.

Por ejemplo, el MAS en su proceso de construcción popular basó su discurso y la reivindicación de sus demandas identificando claramente al neoliberalismo y a sus actores como el enemigo a vencer, pero no a aniquilar, ya que la inexistencia de uno significa la desaparición del otro.

A pesar que con el pasar de los años se dio el desgaste de los “partidos tradicionales” hasta la casi extinción de algunos, el MAS no cambió de figura antagónica, sino hasta los conflictos de 2019.

La emergencia de discursos igualmente totalitarios y contrahegemónicos que nacieron previo al proceso de 2019, identificó a un antagónico común que fue el mismo Morales y su estructura en busca de la reelección, que se convirtió en el centro articulador de todo discurso que buscaba, de igual manera, agrupar —en palabras de Laclau— demandas democráticas en busca de una demanda popular en base a una lógica equivalencial que dio nacimiento a un movimiento que fue clave al momento de forzar la renuncia del entonces mandatario.

Evo Morales siguió siendo ese elemento articulador del discurso opositor durante la campaña electoral de 2020 que justificaba una propuesta de voto útil dirigida a evitar su retorno institucional. Sin embargo, su inhabilitación por parte del TSE como candidato en plena campaña, marcó un punto crítico que debilitó la cohesión del movimiento hegemónico opositor y dio lugar a otro tipo de discursos que buscaban despegarse de la dialéctica MAS-antiMAS y buscar el voto a través del clivaje político entre viejo-nuevo/joven-adulto como lo intentó hacer Luis Fernando Camacho.

El retorno del MAS al poder trajo consigo una renovación de su antagónico. Ya no eran los neoliberales sino la derecha golpista contra la cual había que luchar, sus actores eran claros y había que ir por ellos.

En esta transición la figura de Jeanine Áñez y Luis Fernando Camacho fueron claves, no solo para identificarlos como enemigos, sino a su vez para evitar que la crisis interna del MAS se hiciese visible de inmediato. Las fisuras internas ya existían antes de 2019, pero eran invisibles ante una espiral de silencio propia de un caudillo, algo que cambió cuando fue Luis Arce electo y dio lugar al manifiesto de distintas facciones internas que buscan alinearse a algún proyecto que les permita la mayor permanencia en espacios de poder.

Hoy, con la captura y paulatina desaparición mediática de Áñez y Camacho, y la emergencia de alas antagónicas dentro del MAS, el partido está en búsqueda de un nuevo “otro” que le permita subsistir como unidad, como proyecto hegemónico. Ese otro que le dé un respiro de cara a las elecciones de 2025 y permita continuar con un proyecto hegemónico.

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MAS: hegemonía y diferencia

/ 18 de abril de 2023 / 01:02

Hace unos días, Pablo Stefanoni publicaba en el Blog Iberoamérica Global el artículo Evo vs. Arce / Arce vs. Evo: la guerra interna en el MAS Boliviano, resaltando los rasgos de una fricción que pasó de ser un tema doméstico a alcanzar un nivel internacional por su interés.

¿Esta fricción y posible ruptura era previsible? En mi opinión, sí. Y voy a utilizar algunas ideas que nos proporciona Ernesto Laclau para referirnos a este tema.

El MAS se ha convertido indiscutiblemente en la fuerza política más grande del país, muestra de ello es su presencia constante en cargos electivos a nivel nacional y subnacional. Su punto de creación institucional lo encontramos en 1995 con la Asamblea por la Soberanía de los Pueblos, y un proceso de articulación que se consolida en la elección de 2005.

Laclau llama demandas democráticas a aquellas peticiones puntuales que puede tener una organización y demandas populares a la suma de estas individualidades de demandas. Bien, para que pueda surgir una mayoría que encarne una cohesión de “pueblo” solo existen dos vías, que las demandas se organicen a través de una lógica de la diferencia, donde prima el criterio aislado en la petición de las demandas, o bajo una lógica de la equivalencia expresada por un momento de claudicación parcial de la demanda, destacando un común denominador que genere un elemento de identidad.

El MAS se ha conformado como partido mayoritario a partir de una lógica de equivalencia en la cual diferentes sectores sociales, en su proceso de articulación, han subordinado sus demandas a lo que Laclau llama expresión simbólica positiva y lo que en palabras de los líderes del partido conocemos como “proceso de cambio”. Para lograr esa cohesión, el IPSP (organización de movimientos, no un partido) ha ido persuadiendo a sectores heterogéneos de un proyecto político que generaría mejores condiciones para construir un Estado menos excluyente.

El proyecto que nació en el trópico se expandió a nivel nacional y encontró un punto de inflexión, con la victoria de Román Loayza para dirigir la CSUTCB en 1998, articulando fuerzas con el emergente Evo Morales y un proyecto que perfilaba a ser nacional. Así, gradualmente, el discurso de MAS logra ser totalitario, entendida como la lógica de equivalencias de Laclau, que sería la subordinación de las demandas por una que simbólicamente es reconocida como mayor.

Acá Laclau también aporta una diferencia importante sobre las totalizaciones, una de ellas es la totalización institucionalista, que es la que intenta hacer coincidir sus límites de la formación discursiva con límites de la comunidad (hasta donde la ley nos lo permite), sin embargo, en una totalización populista pasa lo contrario, acusa que los límites son producto de la exclusión y se reconoce como la única totalización legítima. El MAS, una vez en el poder, materializó las demandas de carácter “popular” en la construcción de un Estado Plurinacional a través de un proceso constituyente, estructurando las demandas en un nuevo armazón estatal y su administración debido a la mayoría parlamentaria que le dio acceso a los otros poderes del Estado.

Todo haría pensar que el MAS pasaría de un discurso popular a uno institucional y que al haberse convertido en gobierno se alejaría de las demandas populares, pero no, el partido mantuvo aquella institucionalidad previa (el IPSP) para garantizar esta lógica de equivalencia y un acercamiento de las organizaciones hacia el Estado.

La salida del poder de Evo Morales, de la forma que se hubiese dado, iba a dar inicio inevitablemente a esta fricción, porque la conexión entre los movimientos sociales y el Estado se daba en un solo punto que era él, ahora la negociación de las demandas se da por varios canales, pasando a una lógica de la diferencia marcada por la crispación.

Mario Vega Yañez es politólogo y docente de la UMSA.

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La urgencia de un liderazgo

/ 11 de enero de 2023 / 02:12

Ya son varios días que se ve a una Santa Cruz con zozobra. Ya son varias semanas, meses y años de una reivindicación que tiene raíces que se remontan más allá de 1825 y la fundación de la República. Y sí, su reivindicación no es reciente y como muestra tenemos la misma acta de fundación y el momento en el que lo firman los diputados de esta región, el referéndum por la descentralización de 1931, la creación y la importancia que tuvo el Comité pro Santa Cruz desde los años 70 en el desarrollo del departamento, el cabildo del millón de 2006 y las recientes luchas que más allá del tema que sea el que moviliza a los cruceños, detrás está la demanda de una reivindicación identitaria latente y que convoca.

Todas estas quedaron en la historia porque sus líderes generaron las condiciones para que esto sea posible, no es simple casualidad. John Kotter lo definió así: “El liderazgo es la habilidad de movilizar a las personas para que trabajen juntas para lograr objetivos comunes. La estrategia es el plan para alcanzar esos objetivos”, pero al carecer de esa cabeza, aun teniendo los objetivos claros, el apoyo y la efervescencia popular de lado puede terminar en el caos, anarquía y una frustración que buscará vías de escape.

La necesidad que tiene hoy la sociedad cruceña es la de una estrategia clara para lograr lo que se prometió en el cabildo de noviembre del año pasado. No basta con la liberación de líderes ni cambiar la fecha de un censo, sino con el de zanjar una relación clara con respecto al poder central. Se necesita “alguien” que genere las condiciones para sentarse a negociar con base en lo que la cruceñidad pidió, nada menos.

El empresario de granos y de carne más temprano que tarde encontrará otra forma de vender productos, el vecino irá a tramitar un documento a una instancia del Estado, el emprendedor tendrá que pagar impuestos para evitar que le congelen cuentas y, en general, todo tomará un curso regular, no por traición, sino por supervivencia ante un estado de incertidumbre que nadie da respuesta. Y es que las medidas de presión tienen como fin el de generar mejores condiciones para una negociación, la misma que no encuentra ni momento ni portavoz.

Hoy Santa Cruz tiene una necesidad de dirigencia también para orientar a la población sobre el alcance del proyecto federal y sus consecuencias, donde el Brexit se convierte en uno de los ejemplos más cercanos. Reino Unido miraba con recelo a la Unión Europea porque creían que recibían más de lo que daban, que los inmigrantes llegaban a servirse de las bondades que daban sin apegarse a “sus” propias normas, que, según sus datos, mostraban que sus problemas económicos se resolverían disolviendo una alianza, parecen recetas copiadas para momentos que viven muchos Estados que tienen regiones que buscan una reivindicación identitaria, pero que las consecuencias de aplicarlas no siempre terminan resolviendo los problemas identificados, sino, además, aumentando otros daños colaterales como pasa hoy en día en Gran Bretaña. Sin más, Santa Cruz y el país necesitan de una dirigencia que pueda dar respuestas sobre qué es lo que va a pasar luego y que estas soluciones tengan plazos posibles. La región sin duda va a guiar la agenda política nacional los siguientes años, el éxito o postergación de los objetivos va a depender de la capacidad de una dirigencia capaz de generar las condiciones para hacerlo realidad.

Mario Vega Yáñez es politólogo y docente de la UMSA.

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Santa Cruz y su relación con el Estado

Hechas las reformas, éstas deberán pasar por un nuevo referéndum para que sea aprobado y puesto en vigencia

/ 28 de diciembre de 2022 / 02:08

Los 36 días de paro en Santa Cruz que pedían la modificación de la fecha del Censo que el Gobierno había acordado a través del Consejo Nacional de Autonomías para 2024, derivaron en un momento que marcará el rumbo de la política nacional los siguientes años.

Quedó en segundo plano la pelea por la fecha del Censo, que era lo menos importante para los actores políticos a pesar de ser el detonante, y tendió la alfombra roja el 13 de noviembre a un cabildo que, a pesar de no tener claro su objetivo, convocó masivamente a sus ciudadanos e impuso un punto que marcará la agenda política nacional los siguientes años, revisar la futura relación política de Santa Cruz con el Estado Plurinacional de Bolivia.

No, no creo que sea una exageración. Bolivia encarará los siguientes años periodos electorales y cada candidato que quiera capitalizar votos en ésta y otras regiones del país, no podrá eludir el hablar del tema e incluirlo en su discurso como una promesa a cumplir y la aceptación de una presión ciudadana por hacerlo.

Pero, ¿cuán viable puede ser esto? A simple vista parece una utopía, pero de manera práctica no lo es. Una de las propuestas para reconfigurar la relación con el Estado es el camino del federalismo, es decir convertir a cada departamento (o los que lo deseen) en unidades territoriales que decidan de manera voluntaria otorgar parte de sus competencias a una administración central y no de la forma actual donde el nivel central es quien otorga y delega competencias a las unidades territoriales a través de la Constitución Política del Estado.

Entonces el camino sería cambiar la Constitución y para eso se debe llamar a una Asamblea Constituyente que puede tener dos formas: una reforma total de la Carta o reformas que afecten sus bases fundamentales. Para hacerlo, la dirigencia pro federalista tiene tres caminos según el artículo 23 de la Ley 026 de Régimen Electoral.

Que sea convocado por el Presidente del Estado. Algo muy poco probable tomando en cuenta la posición política del presidente Arce con la región y con el pedido, algo que no entra en agenda ni del partido ni del resto de los departamentos, lo que se convertiría en un desafío enorme el tratar de convencerlos.

Que sea convocado por la mayoría absoluta de los miembros de la Asamblea Legislativa. Sumados los senadores y diputados hacen un total de 166 miembros y suponiendo que sesionaran con todos presentes, se necesitaría de al menos 112 votos (dos tercios) a favor, de los cuales Santa Cruz como región solo tiene 32 (cuatro senadores y 28 diputados), lo que lo obligaría a negociar y convencer a otros departamentos del camino federal.

Por último, que sea convocada una Asamblea Constituyente por iniciativa popular por el 20% de firmas y huellas del último padrón electoral. Tomando en cuenta que el padrón electoral para las elecciones de 2020 sumó 7.031.295 votantes a nivel nacional (según datos oficiales del OEP), las regiones que deseen impulsar la reforma por esta vía necesitarían 1.406.259 firmas y huellas para iniciar el camino de la reforma constitucional y donde solo Santa Cruz ya tiene cerca de dos millones de empadronados, lo que la convertiría en la opción más viable.

Pero el camino no termina ahí. Hechas las reformas, éstas deberán pasar por un nuevo referéndum para que sea aprobado y puesto en vigencia. Para convocar a un referéndum aprobatorio el único camino es su aprobación por dos tercios de la Asamblea Legislativa, lo que obligaría a los constituyentes federalistas a lograr, en ese periodo, convencer a los miembros de otras bancadas.

Un último detalle. Según el artículo 17 de la Ley 026, cada una de estas opciones solamente se podrán realizar en cada periodo constitucional, con lo cual con temas pendientes como la reforma judicial que también pasaría por una reforma constitucional, pone contra reloj al proyecto federalista boliviano.

Mario Vega Yáñez es politólogo y docente de la UMSA.

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El Perú ya venía condicionado

/ 13 de diciembre de 2022 / 00:52

La crisis política peruana ya se venía arrastrando y aún no ha terminado. Esta crisis llevó al país andino a tener seis presidentes en solo cuatro años de mandato, comenzando por Pedro Pablo Kuczynski, Martín Vizcarra, Manuel Merino, Francisco Sagasti, Pedro Castillo y ahora Dina Boluarte, a quien le toca luchar por llegar a terminar su mandato en junio de 2026 y no adelantar elecciones, como lo ha manifestado.

Las condiciones de esta crisis política han generado un escenario de incertidumbre que se ha manifestado en la fragmentación del voto. Los electores no se han ido a los extremos para concentrar su decisión en urnas, sino que han optado por partidos con propuestas intermedias, lo que ha generado que en las elecciones del 11 de abril de 2021 sean 10 partidos políticos que se han distribuido los 130 escaños parlamentarios, algo que ha condicionado el arribo de acuerdos.

Sobre este escenario es que comenzó la carrera por una segunda vuelta para Pedro Castillo y Keiko Fujimori, donde la estrategia de radicalización del discurso y el juego de suma cero llevaron a Perú a un escenario polarizado. Jennifer McCoy (2018) menciona que la polarización es un proceso por el cual multiplicidad de diferencias políticas crecientemente se alinean en una sola dimensión, y eso fue lo que ocurrió en la votación del 6 de junio, cuando los partidos electos debían decidir si apoyar a la izquierda de Castillo o a la derecha de Fujimori en base a promesas y alianzas de prebendas, pero nunca a partir de un acuerdo programático. Esto provocó alianzas débiles en torno a programas vacíos y una deuda para Castillo que no pudo pagar.

Si bien Castillo ganó estrechamente en segunda vuelta (50,13% de votos), en primera vuelta con solo 18,92%, logró 37 de los 130 escaños posibles, condicionando la gobernabilidad de su mandato en el Congreso a las alianzas que podría mantener. Y es que la radicalidad de su discurso en segunda vuelta le cerró parcialmente las puertas a la negociación con partidos que ideológicamente son opuestos, reduciendo su campo de acción congresal.

El año y medio de mandato de Castillo ya venía condicionado por lo anteriormente mencionado. El Legislativo había censurado varias veces al Ejecutivo, lo que provocó el cambio de cinco gabinetes y alrededor de 80 ministros en cerca de 18 meses, además de las denuncias por corrupción y sus vínculos con organizaciones terroristas.

Esta parte de la historia peruana aún no ha concluido, Dina Boluarte entra como presidenta en las mismas condiciones de gobernabilidad que lo hizo Pedro Castillo, en medio de un ambiente crispado política y emocionalmente, sumado a la ambición de otros partidos por llegar al poder y que van a apostar por la opción de adelantar las elecciones para lograrlo.

Muchos analistas ven como una de las principales causas de esta crisis extendida la configuración constitucional peruana donde tanto el Ejecutivo como el Legislativo, siguiendo el principio de equilibrio de poderes, pueden condicionar el funcionamiento del otro; sin embargo, el proyecto para iniciar el proceso constituyente está estancado justamente en el Congreso que no llega a un acuerdo para convocar a un referéndum que instale una Asamblea Constituyente.

Mario Vega Yañez es politólogo y docente de la UMSA.

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La fecha no importa

/ 15 de noviembre de 2022 / 01:57

Sí, la fecha no es lo importante a estas alturas. Aunque parezca contradictorio, a las partes no les interesa tanto cuándo será el Censo, sino el coste político producto de sus estrategias improvisadas. Toda decisión tiene un costo y acá tenemos a actores que se aventuraron a enfrentarse en un conflicto sin tener una estrategia clara si iban a lograr lo que se propusieron y hoy están a las puertas de pagar esa apuesta.

Tuvimos que remontarnos hasta el 12 de julio para recordar que todo este conflicto comenzó cuando a través del Consejo Nacional de Autonomías se decidió postergar el Censo hasta 2024, la justificación: problemas logísticos producto de la pandemia. Acuerdo que el Gobierno terminó cerrando con un decreto, pero su argumentación se vino debilitando. Hoy la estrategia tuvo que mudar a un decreto más flexible donde el mismo Ejecutivo se ha puesto la soga del compromiso al cuello para tener resultados ese año y una asignación de recursos.

La oposición al decreto se centró en Santa Cruz y su dirigencia acentuó un discurso de protesta con enfoque regionalista, donde los más perjudicados por el retraso del Censo eran ellos, al verse limitados en cuanto a recursos y a escaños hasta por lo menos 2030. El apelar al elemento identitario fue uno de los ingredientes que animó a la población a parar más de 20 días con la promesa que lograrían que el Censo fuera en 2023, fracaso que hoy se maquilla de victoria argumentando que lo que se buscaba era la aplicación de los resultados antes de las elecciones 2025 y que se los había conseguido.

Hoy parece que nos encontramos frente a dos adversarios cansados, la fuerza aplicada a sus estrategias no alcanzó para lograr lo que se propusieron porque fueron improvisadas. El oficialismo a partir de ahora comienza una pelea abierta de cara a las primarias para 2025 dentro del partido, el enemigo ya no está en la acera del frente, sino que camina junto a la gestión del presidente Arce. Por el otro lado, tenemos a una población cruceña a la que se ha provocado y ha generado la expectativa que la solución a una demanda histórica de autogestión puede encontrarla en el federalismo, sin la responsabilidad del consenso con el resto del país y en un corto plazo, para ello necesitan de una dirigencia que pueda hacer realidad aquello, pero que goce de confianza y tenga la capacidad de capitalizar la movilización que se viene viendo desde 2019.

También puede leer: Fijada la fecha del Censo, ¿luego qué?

El costo de la afrenta ha sido muy alta para los actores políticos, pero el conflicto por el Censo ha abierto un nuevo escenario donde los discursos van a reconfigurarse. Por un lado, se hablará de traidores y leales en el oficialismo, se hablará de tibios, tímidos y traidores en una oposición que busca su reconfiguración a nivel nacional y no encuentra norte, y en Santa Cruz comenzará la búsqueda de esa dirigencia que tenga el valor o la habilidad de hacer posible una demanda histórica cruceña.

Ahora lo vemos, la fecha del Censo era lo menos importante.

Mario Vega Yáñez es politólogo y docente de la UMSA

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