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Wednesday 17 Apr 2024 | Actualizado a 04:43 AM

Madre a los 12

/ 20 de abril de 2023 / 02:10

“Como municipio vamos a hacerle un acompañamiento terapéutico continuo para que asuma ser madre y además pueda desarrollar sin ningún problema su preadolescencia”, son las palabras de una autoridad municipal de Cochabamba luego de que se conoció que una niña de 12 años, violada por su padrastro, dio a luz a un bebé. Antes, la misma autoridad, ya había manifestado lo gratificante que fue para las autoridades municipales que la niña haya desarrollado un lazo maternal, porque “no hay nada más trágico que una violación (sea) seguida de un aborto o un rechazo de la madre a su bebé”.

Esas afirmaciones son una tragedia en sí misma al reflejar la inconsciencia, la indefendible idea de que una niña violada asuma las enormes responsabilidades, los traumas psicológicos, los enredos sociales de una maternidad forzada, tras ver sometido su cuerpo, su mente y su espíritu de niña a semejante estrés. Ninguna niña debe ser madre.

Luego salieron las estadísticas que dan cuenta de alrededor de 100 embarazos diarios de niñas y adolescentes menores de 14 años en Bolivia. Esto es muy preocupante, peor aún cuando más de la mayoría son producto de violaciones, a niñas muy pequeñas, de siete, nueve, diez, once años, cuyos agresores son sus padres, padrastros, tíos, primos, adultos cercanos que viven con ellas, a los que les tienen confianza. Ellas callan frente a las amenazas que les obliga a mantener silencio, les han dicho que matarán a sus hermanos menores, a sus padres, a ellas mismas.

Son niñas, algunas bebés que terminan con el cuerpo partido, destrozado. Si logran sobrevivir deben aguantar males de por vida, daños psicológicos irremediables. Cien embarazos diarios es una epidemia que no solo significa un mal físico, es una enfermedad mental que ataca a hombres adultos para convertirlos en agresores que no respetan los cuerpos de niñas y adolescentes, hombres que actúan como bestias. Según datos de la Fiscalía en 2021, al menos hay cinco violaciones a niñas y adolescentes por día, y volvemos a la llamada de atención: estos son los casos que se conocen, pero hay muchos más que quedan ocultos.

Algunos casos se hacen públicos por denuncia de la Defensoría de la Niñez y Adolescencia, otros casos se conocen por el personal médico que atiende a la menor, pero son muchos más los que quedan en las sombras. Dan a luz a bebés que terminan en el abandono, madres niñas que no entienden qué les pasó, qué vendrá más adelante. ¿Cómo aceptar lo inaceptable? Después que una niña da a luz, el bebé fruto de una violación, ¿podemos afirmar que ambos están en perfecto estado de salud?

Lucía Sauma es periodista.

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Tumulto semestral

Lucía Sauma, periodista

/ 29 de junio de 2023 / 08:05

Es una despedida al primer semestre de este borrascoso, tumultuoso o confuso 2023.  Comenzó enrarecido, beligerante en nuestro país. Cada día fue ganando intensidad, enfrentamiento, desorden, imprevisible unas veces o totalmente previsible otras. Volvimos a los paros, las marchas, los bloqueos, casi todas estas movilizaciones fueron vencidas por cansancio, con pocos logros. Se batieron récords como los 36 días de paro en Santa Cruz, los tapiados de dirigentes del magisterio en La Paz.

Quedan entre la bruma que suele empañar la memoria, las interminables filas para la compra de dólares en las puertas del Banco Central, ante la desaparición casi total de la moneda estadounidense. ¿Quiénes hacían esas tremendas filas? Los mismos de siempre, los especuladores, por lo menos ellos fueron la mayoría, los menos eran los que realmente necesitaban devolver un anticrético o enviar dinero a sus familiares que estudian o necesitan atención en su salud fuera de nuestro país.

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A esa marea de acontecimientos contribuyó, y de gran manera, la publicación del periódico español El País que dejó al descubierto el diario del jesuita Alfonso Pedrajas, con el relato de sus secretos. Luego salieron a luz los nombres de otros curas, de otras congregaciones de quienes cometieron los delitos de pederastia y de quienes los encubrieron. Las víctimas se van sumando, sus testimonios dan cuenta de las marcas que dejaron en sus vidas los vejámenes que sufrieron. Nada es suficiente para reparar el daño cometido, mucho menos el pedido de perdón, o la carta del papa Francisco al presidente Luis Arce, porque las víctimas lo que requieren es justicia y no la divina, sino la de carne y hueso, la terrenal.

Difícil este primer semestre cargado de infanticidios, de feminicidios, sus víctimas pasarán a ser solo un número más en el recuento de fin de año para ver si se superó la cifra del año anterior, aquí tampoco hay justicia, ni reparación que valga. 

Finalmente uno se pregunta: ¿No hay nada bueno? ¿Nada que nos alegre? ¿Que nos haga sentir bien? Y claro que hay éxitos dignos de nombrarse. Por ejemplo, Cergio Prudencio, compositor boliviano ganó, por primera vez para un boliviano, el Premio Platino a Mejor Música Original por la película Utama, de Alejandro Loayza, tan aclamada y premiada como ninguna.

En mayo por primera vez en Bolivia se realizó con éxito el primer trasplante de médula ósea en adultos. Es una gran veta de esperanza para tantas personas que debían ir al exterior y practicarse una intervención de ese tipo para poder vivir. Los propios pacientes y sus familias vuelven a ilusionarse. Cada quien, para darle mayor valor a la vida, resurge con sus sueños olvidados, con sus mejores muestras de optimismo y se promete que el segundo semestre de este año será mejor, vendrá con buenos ánimos, con ganas de tomar un buen café en la tranquilidad de la tarde soleada en cualquiera de nuestras ciudades, con quien quiera compartir esos minutos de serena alegría.

(*) Lucía Sauma es periodista

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¿Dónde está la vida?

Lucía Sauma, periodista

/ 15 de junio de 2023 / 10:26

Hace unos meses caminando por la avenida Arce en La Paz, vi venir a una joven con una blusa transparente y sin corpiño, no había persona, hombre, mujer joven o mayor que no se diera la vuelta y la siguiera con la mirada, mientras ella muy altiva caminaba a las cuatro de la tarde bajo el sol paceño. Claro que era una escena inusual. No sé si se trataba de algo intencional o no, si era una modelo, un ensayo sociológico, una investigación, parte de un anuncio publicitario, o simple desparpajo modernista.

Una semana después en pleno El Prado paceño, un hombre caminaba totalmente desnudo, pero era como si no existiese, parecía invisible, claro, era un indigente que a nadie le llamaba la atención, ni siquiera a los guardias, a los entendidos en desnudeses o a los filántropos. El hombre caminó todo El Prado y se perdió entre los ríos de gente que iban y venían. De lo que estoy segura es que no era parte de ningún comercial o ensayo académico, simplemente era un hombre perdido en su mundo al que nada le importaba y él no le importaba a nadie.

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La ciudad, nuestras ciudades, están en cierto modo deshumanizadas. No había con quién comentar la altivez de la muchacha de la avenida Arce, ni la absoluta desnudez del indigente. Todos, muy ocupados en sus trámites, en sus cosas, en su individualidad pasaban de largo sin ver o mirando de reojo, intentando lo antes posible dejar todo atrás.

Surgen las dudas, si me pasa algo en la calle, un desmayo, una caída, un traspié, ¿alguien me ayudará? Si lloro, ¿alguien se conmoverá? Quizás sería más efectivo sacar la foto y subirla a las redes. La reacción se daría de forma inmediata, la viralizarían y los influencers nativos estarían listos para hacer su tarea, detrás vendrían sus cientos, sus miles de seguidores anónimos, creyentes a pie juntillas de cuanto mensaje les llega por algunas de sus redes, dispuestos a poner un like, son los mismos que en la calle no dicen ni mu frente a lo que pasa a su lado. Creo que vivimos una confusión entre la realidad y lo que llega a través del internet, a veces tengo la sensación de que se confía más en este último que en lo que vemos y vivimos. ¿Nos estamos olvidando de lo que es vivir?

(*) Lucía Sauma es periodista

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Hecha la ley…

Lucía Sauma, periodista

/ 1 de junio de 2023 / 08:40

Escena al interior de un avión rumbo a Cochabamba, el anuncio dice que estamos próximos a despegar y se deben apagar todos los aparatos electrónicos como computadoras, incluidos los auriculares, celulares en modo avión, plegar las mesas y ajustar cinturones. La joven que ocupa el asiento 10 A, es decir el que está en la ventanilla, parece que no escuchó el anuncio, tiene la mesa desplegada, su laptop está encendida y también tiene en una mano el celular donde digita un mensaje de WhatsApp. Pasa la azafata y pide que repliegue la mesita, apague la computadora y el celular. La muchacha hace ademán de obedecer la instructiva, pero en cuanto la sobrecargo continúa su camino, ella sigue mensajeando. No es la única, en el asiento 9 D está un hombre que apresuradamente lee mensajes de WhatsApp y responde, alguien le hace notar que debe guardar el celular y él se enoja, le increpa y le dice que el avión todavía no ha despegado y está haciendo su trabajo. 

Al ingresar en el Cementerio Jardín en La Paz, se puede leer un letrero bastante visible que dice “Prohibido el ingreso de mascotas”. Justo debajo del letrero un perrito pequeño levanta la patita, su dueña parece orgullosa del incumplimiento. Por supuesto que no es el único, hay otros visitantes caninos más grandes, de otras razas, unos retozan en el pasto, otros corren aprovechando la libertad del espacio. El letrero está quieto e invisible, irónicamente es letra muerta.

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En la puerta del ascensor de una entidad pública se indica claramente que solo deben subir cuatro pasajeros, pero el sexto pasajero ingresa muy sonriente y pide apretar el piso 12. En el minibús un pasajero grita “¡bajo en la esquina!”, en ese momento el transporte se inmoviliza en mitad de camino debido al congestionamiento. Impaciente, el mismo pasajero dice “¿puedo aprovechar?”, sin importar que los automóviles del carril derecho, en ese momento comienzan a moverse.

¿Qué regla se cumple? O mejor, una pregunta más directa: ¿Existe alguna regla o norma que se cumpla? Parecería que toda norma, regla, medida de seguridad, está hecha para incumplirse, para ser ignorada. ¿Entonces para qué se las ha hecho? Se invierte mucho tiempo en redactarlas, publicarlas, difundirlas y ningún esfuerzo en cumplirlas. Sin embargo, no podemos vivir sin reglas, normas, leyes, tampoco podemos resignarnos a que se incumplan o ignoren constantemente; a pesar de todo queda reclamar su cumplimiento, vale la pena mantener una conducta regida por las normas, que finalmente son consensos para vivir más dignamente, más responsablemente con uno mismo y con el otro.

(*) Lucía Sauma es periodista

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Luchar por salir, luchar por volver

Lucía Sauma, periodista

/ 18 de mayo de 2023 / 08:27

Si por algún motivo tienen necesidad de pedir una visa a España, sería bueno que tengan en cuenta que la solicitud la deben hacer al menos cuatro meses antes, porque las citas para la entrevista, requisito indispensable, marcan full (lleno) hasta agosto por lo menos. Son demasiadas las solicitudes, muchos los requisitos y la oficina que se encarga de este trámite está terciarizada, se trata de una empresa privada hermética que realiza el trámite de forma electrónica y nunca atiende el teléfono. Es el primer paso fronterizo invisible para desanimar a quien tenía previsto viajar, sea por necesidad de trabajo, turismo, visita a familiares o amigos, por lo que sea, el motivo no interesa.

A pesar de estas barreras, los que están decididos a ir las vencen a costa de cualquier esfuerzo. Hay un albur mágico que los encandila y están resueltos u obligados a hacerlo. Quienes van por trabajo, generalmente un empleo precario aunque con buena paga, esperanzados, van a cuidar ancianos, niños, enfermos y muchos a cultivar el campo con cultivos desconocidos para ellos, como el olivo o la uva.

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Cuando logran llegar y realizar las tareas de tan anhelado empleo se empeñan en cumplir, en trabajar más allá de lo que les piden, “son trabajadores los bolivianos, aunque les gusta mucho la fiesta“, comenta un granadino conocedor de los compatriotas que trabajan en albañilería. Reciben su salario, se quedan con un poco, lo que les sirve para sobrevivir y el resto lo envían, aunque ahora tienen en contra la duda de saber si sus familiares recibirán el dinero en euros o tendrán que aceptar un cambio menor.

Después de un año o dos, quienes se fueron luchan por volver, allí terminó el tiempo de siembra y cosecha, en Bolivia tienen hijos, padres, hermanos que se enfermaron, que los extrañan, que los reclaman porque los necesitan. Llegan, cuentan que aprendieron mucho, que se gana buen dinero, pero no pudieron quedarse porque las condiciones no eran las que habían soñado, porque la soledad les corroía. Es la historia de siempre luchar para ir, luchar para volver. “Allí no somos nadie, aquí está mi familia, aquí no estoy solo”, dicen los testimonios de quienes volvieron.

Por las filas frente a algunas embajadas se percibe una nueva corriente de bolivianos que están buscando salir del país para vender su fuerza de trabajo, su creatividad y sus sueños en otros lugares. Luchan para salir, también lucharán para volver.

(*) Lucía Sauma es periodista

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Migrantes a la deriva

Lucía Sauma, periodista

/ 4 de mayo de 2023 / 08:29

La migración en Sudamérica se está convirtiendo en un problema que crece día a día. Desde hace unos años Chile pasó a ser un país codiciado por venezolanos, colombianos, ecuatorianos y haitianos. Lucharon para llegar a Chile, fueron víctimas de traficantes que les cobraron mucho dinero por hacer posible su anhelo. Varios utilizaron a Bolivia como país de paso para que cruzaran la frontera. Los que consiguieron su propósito vivieron, mendigaron en las calles de Santiago y otras ciudades chilenas, trabajaron en lo que pudieron, en oficios legales y otros no tanto, los acusaron con razón y sin razón de llevar delincuencia, prostitución e inseguridad ciudadana. Un gran número de ellos encontraron sustento escarbando en las montañas de ropa usada que se acumula en el desierto de Atacama, proveniente de Europa y Estados Unidos, allí cientos de migrantes murieron en su intento por mejorar sus condiciones de vida.

Los países que se convierten en objetivo para los migrantes, generalmente no quieren recibirlos, cuando lo hacen es por un corto tiempo, en el que les sirven como mano de obra barata. Ingresaron sin papeles, sin previo contrato de trabajo, con familia que mantener, sobre todo con hijos pequeños, así pasan a ser presas fáciles de abuso y explotación. Las mujeres son las que primero se insertan en las áreas de servicio doméstico sin reglas, sin horarios, sin salario a cambio del techo y comida, hasta que el  país que parecía acogerles, se incomoda y teniendo el sartén por el mango inicia sus estrategias de expulsión quitándoles los ingresos que recibían, obstaculizando su legalización, visibilizando a quienes se dedicaron a la delincuencia, generalizando a todos los migrantes como responsables de la inseguridad.

En febrero de este año, Chile desplegó militares para resguardar sus fronteras con Bolivia, para impedir, o al menos controlar, el paso de migrantes. En la localidad de Colchane, la frontera con Bolivia, se ve una zanja de 600 metros que fue construida por el gobierno del presidente Sebastián Piñera para impedir el paso de las bandas de contrabandistas y narcotraficantes, sin embargo, ellos mismos se encargaron de construir puentes para seguir circulando por esa ruta que es usada por venezolanos y colombianos para cruzar desde Bolivia y llegar a la pregonada estabilidad chilena, que al parecer ha tomado medidas más radicales y está dispuesta a librarse de tanta visita inesperada o no deseada.

No podemos taparnos los ojos y pretender que no estamos frente a un problema migratorio que va en aumento. Los problemas económicos, sociales y políticos de países como Venezuela, Haití, Ecuador y Colombia nos han convertido en un momento en destino, pero sobre todo en lugar de paso. ¿Qué políticas se están adoptando? ¿O no hay ninguna?

(*) Lucía Sauma, periodista

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