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Doctrina del Descubrimiento y Día de la Madre Tierra

/ 20 de abril de 2023 / 02:26

La colonización mental y la invasión a la tierra en este continente Abya Yala, se están transformando ontológicamente. Es decir, transformación del ser, del existir y de la realidad hacia el re-establecimiento de lo originario a través de una reversión del orden y del poder. En ese sentido, este Pachakuti como cambio de orden se entendería como el retorno del tiempo: desde la conquista y colonización hacia la liberación. Este proceso de reversión en lo mental y en la concepción de la tierra está ocurriendo en determinadas escalas de poder político en el mundo.

La tierra pertenece a los pueblos originarios. Desde el siglo XV, los papas de la Iglesia Católica promovieron la invasión a partir de la conjunción de varios decretos papales que legitimaron la apropiación de tierras y esclavitud de indígenas. Esta legitimación se conoce como Doctrina del Descubrimiento. Esa doctrina jurídicamente otorgaba, a través de la invasión, el derecho exclusivo de extinguir la posesión de la tierra de las poblaciones conquistadas. El 30 de marzo de 2023, el boletín 238 de la prensa oficial del Vaticano comunicó que esa institución religiosa rechaza la Doctrina del Descubrimiento, después de más de 500 años. El punto 3 del comunicado se refiere a hechos como el de 2015, cuando el papa Francisco en Bolivia declaró que “se han cometido muchos y graves pecados contra los pueblos originarios de América en nombre de Dios”. Se disculpó a nombre de toda la Iglesia diciendo: “Pido humildemente perdón, no solo por las ofensas de la propia Iglesia, sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América”. Se requiere más que pedir perdón para resarcir las consecuencias y los daños causados por esa doctrina.

La Doctrina del Descubrimiento y su reversión están relacionadas con el 22 de abril. El 22 de abril de 1889 asoló la “Fiebre de la tierra de Oklahoma”, en Estados Unidos, 50.000 invasores usurparon 8.100 kilómetros cuadrados de territorio nativo. El sueño americano en el lejano oeste se seguía consumando al poseer tierras “no asignadas”. Los pueblos nativo americanos habían sido forzados a desplazarse para que los invasores tomen poder y dispongan de sus tierras. La mayor parte de las personas desplazadas murieron en ese genocidio por enfermedades, bajas temperaturas, falta de comida y agua durante el éxodo conocido como el “sendero de lágrimas”. El 22 de abril de 1970, en Estados Unidos, 20 millones de personas protestaron en contra de la contaminación de la tierra. Ese día, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) decretó el Día de la Tierra, que se celebraría desde ese 1970 hasta 2008.

Algunos dicen que se eligió esa fecha para el Día de la Tierra por el nacimiento de Lenin. El 22 de abril de 1870 en el imperio ruso, nació Vladimir Ulich Ulianov, conocido como Lenin, líder bolchevique que en 1917 reformó las políticas de tierras transfiriéndolas a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas o a los trabajadores soviéticos, tierras que pertenecían a la aristocracia, al antiguo imperio o a terratenientes.

En 2009, el Estado Plurinacional de Bolivia, independiente de la religión católica, propuso al 22 de abril como Día Internacional de la Madre Tierra. La Asamblea General de la ONU, a través de la resolución A/RES/63/278, aceptó la proposición. De esta manera se reconoce, a una escala de poder intergubernamental mundial, esa relación sagrada de respeto y de parentesco con la Madre Tierra, gracias a Bolivia. Este acontecimiento, y sus consecuencias, permite la superación de la visión antropocéntrica de la tierra hacia una vida más armónica en la pacha, Pachamama, Madre Tierra y la naturaleza. Esta visión está incluida en el Acuerdo de París y “aboga por la urgencia de adoptar una Declaración de Naciones Unidas sobre los Derechos de la Madre Tierra” (Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia).

En el Pachakuti todavía falta mucho por tejer, gran parte del thakhi o camino hacia la liberación de la mente y de la tierra, sin embargo, el proceso se ha iniciado y es irreversible. Ontológicamente, somos la tierra y empoderados estamos tomando consciencia de nuestra propia existencia y derechos para transformar la realidad colonizada, una responsabilidad en este 22 de abril y todos los días de la vida.

Moory Romero es ingeniero ambiental y egresado de la maestría de Geografía Ambiental de la Universidad Católica de Rio de Janeiro.

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Suma Qamaña y Willka Kuti, una nueva civilización

La identidad cultural civilizatoria aymara es el origen cultural del continente Abya Yala

Moory Romero

/ 20 de junio de 2023 / 08:36

La identidad cultural (artículo 21 de la Constitución Política del Estado) es fundamental para la futura civilización. Las personas en los territorios originarios, en comunidades ancestrales y en ciudades contemporáneas (Abya Yala), vivimos realizando nuestras actividades de herencia cultural, respondiendo a la antiquísima historia de la humanidad (Willka Kuti). Se vive un proceso de transición civilizacional, de lo unipolar a lo multipolar, convergente, entre la energia de las naciones indígena originario campesinas, la fuerza del bloque popular y el poder sociopolítico-intercultural. Esa herencia cultural y convergencia tripartita generan una cohesión colectiva multipolar, desde muchas culturas. Esta cohesión se concentra en una combinación trascendental fortaleciendo el reconocimiento de la emergencia plurinacional en el continente Abya Yala. Sin embargo, estamos inmersos temporalmente en un ambiente sociopolítico confuso. Es un espacio y tiempo que requieren lo fundamental en el proceso, lo ético moral, determinante para superar la neblina circunstancial hacia la unidad del instrumento en el “vivir bien” como horizonte civilizatorio (artículo 8 de la CPE).

 El origen cultural del continente Abya Yala está en la civilización aymara. Las civilizaciones son culturas que comparten ideas, conocimientos y costumbres específicas en momentos determinados, como en el Wilka Kuti o “retorno del sol”. La historia de la civilización occidental, que invadió el Qollasuyo desde 1535, data de apenas aproximadamente 6.000 años atrás. Mientras que la historia de los humanos es de 200.000 años, aproximadamente. Memoria histórica que estamos recuperando epigenéticamente en el Abya Yala, Tawantinsuyo, Qollasuyo. Arthur Posnansky, basado en el método de arqueología cósmica, determinó que Tiwanaku tiene una historia de por lo menos 15.000 años de antigüedad y además propuso que es la cuna del ser humano en el continente, o en el planeta. El origen del ser humano en el continente y de su cultura permanece en la cultura aymara descendiente de la tiwanakota en Abya Yala.

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Abya Yala es el nombre de este continente. Con autoridad aymara, Constantino Lima declara que “…en 1968 cuando ya la wiphala aparece, reaparece… del continente Abya Yala lo mismo… vamos a dar el nombre a nuestro continente” (Lima, 2014). Lima manifiesta que “colocar nombres foráneos a nuestras villas, ciudades y continentes es equivalente a someter nuestra identidad a la voluntad de nuestros invasores y sus herederos”. Abya Yala tiene connotaciones ideológicas y sostiene su fundamento en los derechos de las naciones originarias. “Los pueblos y los individuos indígenas son libres e iguales a todos los demás pueblos y personas y tienen derecho a no ser objeto de ningún tipo de discriminación en el ejercicio de sus derechos, en particular la fundada en su origen o identidad indígena” (artículo 2 de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas A/RES/61/295).

Nuestra cultura histórica y astronómica incluye nuestra propia religión. En ese sentido, la categoría suma qamaña se origina cerca de Tiwanaku y Wiñay Marka, pueblo eterno, y el “vivir bien” es producido por la civilización aymara. “Vivir bien” es saber vivir en armonía con los “ciclos de la Madre Tierra, del cosmos, de la vida y de la historia” (Ministerio de Relaciones Exteriores del Estado Plurinacional de Bolivia). Los valores del “vivir bien” incluyen al saber crecer y compartir con espiritualidad en el marco del respeto a la libertad de religión (Ley 300, artículo 6). Nuestra religión primigenia y originaria es cósmico telúrica. “La religión cósmico telúrica son los principios esenciales de nuestra filosofía y de nuestra civilización Aymara, de un pueblo ancestral y de una nación milenaria” (Felipe Quispe, 1984).

La identidad cultural civilizatoria aymara es el origen cultural del continente Abya Yala y está fundamentada en la história astronómica cósmico telúrica, entonces el Willka Kuti, como el inicio de un ciclo cósmico-histórico, es determinante y materialmente espiritual para la unidad en la coyuntura sociopolítica para “vivir bien” hacia el futuro, suma qamaña.

(*) Moory Romero es coordinador en Pacha Saraya Yatiña

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El ciclo hidropolítico del agua para la vida

/ 29 de marzo de 2023 / 01:27

La soberanía científica y tecnológica (Ley 650) implica la descolonización de la producción de conocimiento, por ejemplo, la descolonización del pensamiento ambiental. Si el ambiente es “todo lo que nos rodea”, entonces es prioritario entender nuestro origen humano y nuestro conocimiento soberano de lo que nos rodea.

El concepto ambiente es descolonizado cuando es político. Felipe Quispe escribe sobre el jayapacha, que es el espacio infinito, que se divide en el manqapacha y el alajpacha, lo intraterreno y extraterreno, respectivamente. El espacio donde vivimos es el akapacha, nuestra divinidad sagrada, la tierra. La politización del concepto ambiente se torna categoría ambiente cuando es político y también sagrado, como la Madre Tierra.

El término “medio ambiente” fue acuñado por el escocés Thomas Carlyle en 1828, en inglés: environment. Todo lo que nos rodea tiene una relación con nuestro origen humano: “La aparición de la humanidad fue el resultado entre el fermento material de la capacidad potencial altamente telúrica del sol sobre la Pachamama”. Colectivamente —sigue Quispe— , el ser humano comenzó a conocer su medio ambiente: “descubre la oscuridad y la luz, el fuego y el agua”.

Al principio del milenio, la “guerra del agua” puso fin al neoliberalismo en Bolivia. En 1995, Ismail Serageldin, presidente del Banco Mundial, sentenció que: “Si las guerras del siglo XX se lucharon por el petróleo, las guerras del próximo siglo serán por el agua”. Exactamente al principio del siguiente siglo, en enero de 2000 detonó la “guerra del agua” en Bolivia, que emergió a causa del rechazo de la nación quechua a la privatización del agua en aquel nefasto régimen neoliberal.

Después de 20 años de la “guerra del agua” e inmediatamente después del golpe de Estado de 2019, en 2020 se intentó nuevamente privatizar al agua. Evo Morales alertó contundentemente que el artículo 2 del Decreto Supremo 4272 se refería a “ajustes administrativos y disciplina fiscal en el sector público” y en el artículo 84, que las empresas públicas (como la del agua) “deberá (n) evitar considerar como supuestos la erogación de nuevos recursos por parte del Estado”. Morales argumentó acertadamente que se pretendía privatizar el agua con el Decreto 4272, un nuevo 21060, decía. El intento fallido de privatización del agua aconteció 20 años después de 2000, en 2020. Ninguno de los intentos logró privatizar el agua, gracias a las acciones de los movimientos sociocomunitarios en ese ciclo hidropolítico.

El proceso de cambio, sus líderes, guías espirituales y la revolución democrática cultural de las naciones originarias de dominio ancestral del territorio, garantizan el servicio público de agua. Evo Morales como líder es de alguna manera la personificación del proceso y de la revolución. Fernando Huanacuni sostiene acertadamente que Evo es el padre político y espiritual de Bolivia. Evo también es factor de unidad en la complementariedad de los opuestos, entre un marxismo menos eurocéntrico y un biocosmocentrismo desde la sabiduría ancestral de los movimientos comunitarios. Evo garantiza la presencia de personas, en el Estado, de estos movimientos en el Gobierno plurinacional comunitario. Estado que transita hacia una mayor consolidación de las entidades jurisdiccionales de las naciones originarias de dominio ancestral del territorio (en base al artículo 2 de la Constitución Política del Estado). Un tránsito en la unidad del Estado presente, y futuro, que garantiza el agua para la vida.

Los que saben de política, me refiero a los movimientos sociocomunitarios, tienen la suficiente sabiduría para seguir liderando este proceso. En el momento más importante, que es elegir a los candidatos, esperamos que la fuerza y energía de la Madre Agua sostengan con fuerza las posiciones comunitarias milenarias para mantener el equilibrio y la armonía entre ese decreciente eurocentrismo y se pueda seguir caminando hacia la liberación de los pueblos para llegar a un Estado Plurinacional más comunitario y más biocosmocéntrico cerca de la soberanía científica y tecnológica.

Moory Romero es licenciado en Ecología y Medio Ambiente y tiene una maestría en Ciencias Ambientales de la Universidad Estatal de Nueva York.

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