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Saturday 18 May 2024 | Actualizado a 18:34 PM

Tierras raras II

/ 28 de octubre de 2022 / 01:46

Siguiendo con un tema tan apasionante y actual por la coyuntura mundial de transición energética y su conexión con el suministro de metales tecnológicos, quiero puntualizar algunos aspectos adicionales a los anotados en mi columna anterior y que hacen a la gerencia de proyectos de exploración de esos metales en el país. Si queremos ser parte en el mediano plazo de esa transición y de las cadenas de suministro, debemos tomar en cuenta que: 1) Hemos perdido más de 40 años desde la identificación en el país de minerales de las Tierras Raras (TR), metales del grupo de platinoides (PGM) y metales críticos como indio, galio, cadmio, selenio, columbio, tantalio, etc.; 2) se identificó una variedad de ambientes geológicos y mineralógicos en los que habitualmente se encuentran; 3) el nivel de exploración al que se llegó es preliminar y quedan muchas etapas para seguir y poco tiempo para realizarlas; 4) el país no tiene infraestructura adecuada para la investigación detallada y el análisis cuantitativo de estos elementos, tampoco capacidad tecnológica institucional necesaria para estas tareas.

Esto define un escenario peculiar de necesidad inmediata y capacidad reducida, que obliga a soluciones de emergencia que parten de la definición de actores y de políticas que soporten un proyecto de estas características. En aquellos años se acudió a la cooperación internacional para formar un equipo con base en dos servicios geológicos (GEOBOL y el British Geological Survey, BGS), mediante una negociación de dos gobiernos, que fue exitosa en resultados mientras duró la estabilidad política del país. No sé si en las condiciones actuales pudiera ser una alternativa armar un proyecto de esta clase con algún país, dependerá de nuestra actual política exterior y del soporte de los pocos países que como Gran Bretaña, tienen las condiciones para aventuras en ultramar como es el caso. Una segunda alternativa sería abrir las áreas fiscales al capital privado, para lo cual sería necesario reformar la legislación vigente para el sector y desarmar la “camisa de fuerza” a la que hago referencia regularmente en mis escritos y que ahuyenta las inversiones en vez de atraerlas (v.g. Minería, más allá del lamento. La Razón. Animal Político 17.05.2015 y otros).

No es nada fácil recuperar 40 años de inacción y encontrar una solución viable a corto plazo que sería lo ideal para aprovechar la coyuntura actual; cabe pues iniciar la acción con el Sergeomin (GEOBOL anteriormente), que controla la información precedente y tiene todos los antecedentes operativos y los resultados en áreas que tienen mayor potencial para TR y PGM (v.g. Rincón del Tigre o Cerro Manomó, si son áreas fiscales todavía), en el Precámbrico de las tierras bajas. Se debería empezar con un programa scout de exploración detallada y perforación a diamantina para lograr una evaluación económica preliminar (PEA, por sus siglas en Ingles), mientras se define una estrategia para acceder al capital privado y/o a la cooperación internacional.

Finalmente, hay un grupo adicional de metales críticos (galio, indio, cadmio, selenio, etc.) que son componentes menores en asociación con metales base explotados tradicionalmente en el país, en algunos yacimientos ubicados en lo que llamamos Orogeno Andino, que debieran tener un tratamiento diferencial como proyectos de metalurgia para su recuperación como subproductos de fundiciones y refinerías, única manera de recuperarlos rentablemente.

Así las cosas, viviríamos un instante de esperanza si hacemos las cosas con pragmatismo o en caso contrario, seguiríamos soñando y vendiendo humo para consuelo de incautos. Total, soñar no cuesta nada y las TR seguirán aún más raras para este pobre país que todavía sigue conservando el cliché de “país minero”.

Dionisio J. Garzón M. es ingeniero geólogo, exministro de Minería y Metalurgia.

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Minerales críticos (I)

Ya se avecina una crisis de suministro de cobre, litio, potasio, fósforo, níquel, tierras raras, etc.

Dionisio J. Garzón M

/ 7 de julio de 2023 / 08:05

Vivimos una revolución tecnológica muy peculiar que va de la mano del uso indiscriminado de energía, que supone una población mundial que ya superó los 8.000 millones de habitantes y su necesidad de acceso a servicios básicos y tecnológicos; esto a su vez supone una cadena de suministro cada vez más compleja y una creciente demanda de materiales de todo tipo y de energía para alimentar los complejos industriales y de servicios. Esto que parece un trabalenguas es, en la historia del planeta, un periodo de crisis global que tiene mucho que ver con el accionar de los humanos y su egocentrismo imparable. Los recursos naturales no son infinitos, los metales que jugaron un papel preponderante a lo largo de la historia y las fuentes de energía fósiles a las cuales la humanidad acudió para subsistir, tampoco. Una cosa es una cadena de producción de cualquier tipo para 2.500 millones de habitantes, que es la población ideal para el tamaño y características del planeta que habitamos, que una cadena para una población tres veces mayor. Eso es lo que estamos viviendo. En el caso específico de los minerales y sus metales contenidos ya se avecina una crisis de suministro de cobre, litio, potasio, fósforo, níquel, tierras raras, etc., para satisfacer las tecnologías de producción de energía limpia y su almacenamiento, servicios básicos y tecnológicos y hasta de alimentos; estas tecnologías no pueden prescindir de estos y otros metales que se agrupan en lo que denominamos minerales críticos, apelativo que indica la precariedad de su cadena de suministros actual y su previsible colapso a corto plazo si no se aplican medidas de shock para añadir nuevos yacimientos a la producción actual. Esto se dice fácil pero el nivel de inversión y de tiempo para estas faenas es enorme y ya se consideran en el campo geopolítico de países del primer mundo, estrategias de producción y de control, en países emergentes con áreas potencialmente interesantes.

Lea también: La incógnita de la transición industrial (II)

El ejemplo paradigmático de esta situación es la “guerra” por el control de áreas con yacimientos de minerales de litio en salmueras y en roca dura, de su desarrollo y de la puesta en marcha de nuevos proyectos, que permitan la producción de baterías de ion litio para autos eléctricos (EV) a la brevedad posible y en las mejores condiciones de mercado. Se estima que el 65% del valor de una batería corresponde al litio, 20% níquel, 6% cobalto, 5% cobre y el resto a otros componentes (datos de Bloomberg), valores que varían si se considera el uso de metales en otros componentes de un EV, donde el cobre, por ejemplo, es un componente mayor.

La minería del litio alcanza niveles de capitalización de mercado que se acercan a algunas de las mayores mineras de commodities tradicionales (BHP, Río Tinto, Glencore y Vale tienen niveles de capitalización mayores a $us 75 billones; Albemarle, SQM, Ganfeng y Tianqui juntas, pueden acercarse a los valores de Vale,), la minería de niquel y cobalto depende de la producción de Indonesia y África y la de cobre de Chile y Perú; la presión del mercado depende más del upstream  de estos metales, de su uso final que se disparará en los años venideros y del descubrimiento de nuevos yacimientos, que de las fluctuaciones de precios de cada metal; el juego de economías de escala es patético en cada caso específico y el factor coyuntural de la puesta en marcha de un nuevo proyecto es y será definitorio en el corto plazo. Ahí radica el juego de estrategias que presenciamos hoy en Sudamérica en el triángulo del litio y en los nuevos descubrimientos de litio en roca dura en Australia, Canadá, Brasil, Perú y otros países, que abren un nuevo e importante factor de producción que competirá con la producción de salmueras. (Continuará)

(*) Dionisio J. Garzón M. es ingeniero geólogo, exministro de Minería y Metalurgia

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La incógnita de la transición industrial (II)

El camino es largo y pasa por mejorar el clima de inversiones, las grandes mineras están dejando la región

Dionisio J. Garzón M

/ 9 de junio de 2023 / 09:25

La coyuntura política regional muestra una mayor apertura al capital foráneo en Perú y Argentina, un retroceso a posiciones conservadoras en Chile, Brasil y Bolivia, mayor disponibilidad de infraestructura básica y de asimilación tecnológica en Brasil, Chile y Argentina, costos operacionales menores en Perú y clima favorable para negocios en Brasil y Argentina. Bolivia tiene un proyecto dependiente de la inversión estatal, poca apertura al capital privado, un costo financiero considerable a estas alturas de su desarrollo, poca infraestructura básica y tecnológica, y costos de transporte hasta los puertos que inciden negativamente en su desarrollo. Este conjunto de factores negativos tienen que ser analizados en detalle y debieran concretarse las reformas estructurales pertinentes a la brevedad posible si se quiere entrar a la lucha por los mercados en tiempos de coyuntura favorable. Los parámetros operacionales, reservas o recursos y las tecnologías son parámetros manejables, los tiempos en que los países productores puedan poner sus productos en el mercado definirán los ganadores en esta lucha por el control de la cadena de suministro de litio y de productos intermedios y finales. Podemos concluir que el éxito en cada caso será función de una buena geología, una jurisdicción minera madura, buenos precios de mercado y de las políticas de seguridad de la cadena de suministros y de energía. ¿Qué país será el que comande esta transformación en el subcontinente? Es la pregunta del millón que dejo a los lectores.

El segundo tema, los metales tecnológicos y las tierras raras que muchos no conocen pero de las que todos hablan, hasta en movimientos anti-minería y en círculos de áulicos de la energía verde y de la transición energética; total, el extractivismo y la minería en particular son los remedios que están más a la mano para paliar las crisis y recuperar la economía de nuestros países emergentes que nunca terminan de emerger. No pretendo repetir el detalle de los metales que conforman este selecto grupo, al cual pueden acceder en esta columna (La Razón 25/01/13), lo importante hoy son los aspectos estratégicos con los que los países potencialmente dotados de este tipo de mineralización están tratando de ingresar al selecto grupo de países con reservas y con producción actual, los cuales “mandan” en el negocio.

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Las reservas de tierras raras (TTRR) se localizan en pocos países, China tiene 44 millones de toneladas (MM/ton), Vietnam 22 MM/ton, Brasil 21 MM/ton, Rusia 21 MM/ton, India 6,9 MM/ton, Australia 4,2 MM/ton, Estados Unidos 2,3 MM/ton y otros países cifras menores (Datos del USGS para 2022). No todos los países tienen reservas accesibles (v.g. Brasil y Vietnam), por lo que la producción en estos países es pequeña, comparada con la producción actual de China, Estados Unidos, Myanmar y Australia que controlan el 93% de la producción mundial (277,100 toneladas en 2021. Datos de Natural Resources of Canadá). Si el mercado de las sales de litio está controlado por pocas empresas, el mercado de TTRR está controlado por pocos países y se maneja según el juego de intereses geopolíticos de las potencias globales. El caso de China es ampliamente conocido, controla toda la cadena productiva y de suministro de metales, manufacturas y de productos finales para la industria alrededor del mundo, Estados Unidos está intentando dejar esta dependencia con la reapertura en 2018 y la explotación de antiguas operaciones mineras en Mountain Pass CA; el resto de productores solo se dedica a ofertar productos manufacturados. En ese contexto, Latinoamérica tiene muy pocas posibilidades de competir y la alternativa pasa por generar proyectos de exploración competitivos para atraer a los inversores mayores del rubro. Solo Brasil en Sudamérica tiene reservas de TTRR, los demás países solo proyectos iniciales de identificación y evaluación de recursos de estos metales. Similar análisis puede resultar para los metales platino, níquel, cobalto, columbita, tantalita (COLTAN) y otros que junto al cobre y el litio conforman el grupo ahora denominado Metales Críticos, por su uso en tecnología de punta que merecerán una posterior entrega.

El camino es largo y pasa por mejorar el clima de inversiones, las grandes mineras están dejando la región (v.g. Glencore, Sumitomo y otras), las calificaciones del clima de negocios son en general bajas, Chile en 2021 bajó al puesto 35 de 62, Perú subió al 35 de 62 y solo la provincia San Juan en Argentina, que ocupa un puesto expectable, 19 de 62, y Brasil en el puesto 29 de 62, son las “buenas noticias”. Como de costumbre Bolivia se mantiene en los últimos puestos en este y otros rubros junto a Venezuela y la mayoría de países africanos (Informe FRASER 2021).

(*) Dionisio J. Garzón es ingeniero geólogo, exministro de Minería y Metalurgia

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La incógnita de la transición industrial (I)

Las fuentes oficiales pregonan hasta el cansancio que vamos camino a industrializar nuestros recursos naturales

Dionisio J. Garzón M

/ 12 de mayo de 2023 / 09:04

El pentágono del litio. Vivimos en el país tiempos de euforia mediática, las fuentes oficiales pregonan hasta el cansancio que vamos camino a industrializar nuestros recursos naturales y en especial aquellos como el litio, el potasio y las tierras raras (TTRR), cuya importancia en la transición a fuentes de energía limpia en el futuro inmediato y a su uso en tecnología de vanguardia los hacen estratégicos, imprescindibles y de alto valor económico. Soñar no cuesta nada decía en una antigua columna mía sobre el tema (La Razón 27/11/15) y comenzar a andar abre posibilidades, pero enfrentarse a la cruda realidad del reto depende de cómo se planee y se diseñe el accionar de los operadores y la gobernanza y gerencia de los emprendimientos necesarios para tener éxito. En Bolivia, en las dos décadas precedentes con dominio de posiciones políticas nacionalistas y populistas se dio un peculiar cambio a regulaciones antisistémicas en el marco definido por la nueva Constitución Política del Estado de 2009 y la Ley Minera 535 de 2014. Un peculiar grupo de normas que regulan la actividad del sector han venido a constituir una especie de “camisa de fuerza” que limita el accionar de los operadores formales, eleva la carga impositiva, disminuye la competitividad del país, fomenta la minería informal de pequeña escala y aleja inversiones para desarrollar un privilegiado potencial minero, cautivo de la lucha de intereses que hacen de la actividad minera un péndulo entre posiciones liberales y nacionalistas que, a su turno, pretenden aplicar recetas antagónicas con el resultado previsible de siempre: empezar de cero y/o solo llegar a la mitad del camino. (El detalle de este comportamiento puede consultarse en: Garzón D. 2012: Minería boliviana, la gran incógnita. En Los dilemas de la minería, Fundación Vicente Pazos Kanki 2012, La Paz, Bolivia).

Así las cosas en el caso del litio, por ejemplo, la mayor cantidad de recursos de este metal a nivel global en el Salar de Uyuni nos permite ser un miembro importante del Triángulo del Litio con nuestros vecinos Argentina y Chile, pero después de cerca de $us 1.000 millones de inversión en los ya obsoletos complejos de evaporación y de obtención de carbonato, seguimos intentando cambios tecnológicos a tientas como el proyecto de implementar plantas de extracción directa de litio (DLE) de última generación, pero aún no probadas a nivel industrial. Mientras tanto nuestros vecinos avanzan a posiciones expectables, Chile es el segundo productor de carbonato a nivel global después de Australia y Argentina se consolida como el segundo productor de la región. Por otro lado el famoso triángulo ya es un polígono pentagonal; Perú que actualmente entra en el negocio, cuenta con reservas suficientes para superar a sus vecinos, según declaraciones de prensa del vecino país, de ejecutivos de Macusani Yellowcake, subsidiaria de la canadiense Lithium Américas Corp. Las pruebas metalúrgicas en el yacimiento Falchani, ubicado en Puno, dieron recuperaciones de carbonato de litio de 99,74% de pureza, de rocas que también contienen otros elementos como uranio, cesio, rodio, aluminio y potasio. “Nosotros no solo vamos a estar al nivel de ellos, vamos a superar a Chile y Argentina. Pensamos arrancar con una producción de 60.000 toneladas de carbonato de litio cada año durante los tres primeros años de producción. Después subir a 80.000 y si es posible, llegar a 100,000 para estar superándolos en el quinto o sexto año de explotación”, dice un comentario (v.g. Rumbo Minero 25/09/22 y otros).

Brasil es otro país que en los últimos años ha desarrollado un intenso programa de exploración del metal con la apertura a empresas de ultramar que ya obtuvieron resultados importantes, un ejemplo es el proyecto en roca dura de Sigma Lithium en Grota do Cirilo, Mina Gerais, que planea producir carbonato grado batería en la presente gestión y llegar a una producción de 100.000 ton/año de litio equivalente (LCE) en la gestión 2024, con lo que Sigma entraría a los cuatro mayores productores a nivel global junto a Albemarle con sede en Estados Unidos, SQM de Chile y Ganfeng de China (Comentario en Financial Times 05/12/2022).

(*) Dionisio J. Garzón es ingeniero geólogo, exministro de Minería y Metalurgia

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Residuos minerales en superficie (II)

/ 14 de abril de 2023 / 01:48

Siguiendo con el tema podemos seguir con otros ejemplos, pero la finalidad de esta columna es alertar que los residuos minerales en superficie son un plus de valor económico que se puede usar en tiempos de declive en la generación de nuevas minas como es el caso presente; pese al boom de exploraciones preliminares, no hay una perspectiva de tener proyectos exitosos en el corto y aún mediano plazo, estos residuos por sus características tienen costos operativos mucho menores al obviar etapas como extracción, clasificación, molienda y transporte, lo cual los hace muy competitivos cuando el nivel tecnológico permite su aprovechamiento racional. Dos ejemplos:

La mina Siglo XX o Llallagua, como se la conoce mejor, llegó a ser la mina subterránea de estaño más grande del mundo, con la mejor tecnología operativa y fuente de la riqueza que encumbró a don Simón I. Patiño como “rey del estaño” a nivel mundial en los albores del siglo XX; tiene un depósito de “colas y arenas”, como se conoce en la jerga técnica los desechos de lo que fue la planta de preconcentración Sink & Float que elevaba la ley de cabeza para alimentar el ingenio Victoria de Catavi. Operó desde 1945 hasta 1985 y acumuló un gigante tonelaje de desechos mineralizados (alrededor de 26 MM de toneladas, según los reportes históricos de la empresa) con contenidos de estaño que van desde 0,55% en los primeros años hasta 0,26% en los años postreros de su acumulación. Es una montaña de residuos donde sacrificadas mujeres mineras (palliris en el léxico local) seleccionan como en tiempos coloniales los fragmentos mineralizados que acumulados pasan a ser una parte mínima de la producción de la empresa. Un informe de análisis químicos del material realizados por el Instituto de Investigaciones Minero Metalúrgicas en 1976, indica que, al margen del estaño, cobre, zinc, plomo y trazas de níquel y titanio, están presentes, como es típico de la mineralización polimetálica del Cinturón Estannífero Boliviano. Pasa el tiempo, la montaña sigue incólume, pero la tecnología avanza y hoy tenemos métodos de selección muy efectivos para fragmentos mineralizados con la granulometría de estos depósitos; la tecnología Ore Sorting-Lakefield fue probada en material de una mina de zinc en Canadá con una recuperación del 93% y se propuso su aplicación en el caso boliviano, sin resultados hasta la fecha (A. Vargas Com. Per.). Teniendo en cuenta el tamaño del depósito y la cotización actual del metal de $us 25,334/ton; el valor in situ de la mineralización de estaño podría superar los $us 2.000 millones y justificaría el nivel estimado de inversión de alrededor de $us 25 millones (Com. Cit.).

Más al sur del país, en las estribaciones cordilleranas del sudoeste potosino se encuentra el cerro Chorolque, cuya cúspide se yergue a 5.630 metros de altitud, un domo de composición dacítica atraviesa sedimentos paleozoicos y genera un sistema de mineralización en vetas y también diseminada de casiterita (SnO2) en cercanías al domo y de minerales de cobre, plomo, bismuto y plata en aureolas definidas. La Comibol y particulares explotan hasta hoy las vetas de estaño y bismuto, aunque las duras condiciones climáticas no permiten un desarrollo de proyectos mayores. La historia geológica del yacimiento culmina con un grado severo de erosión fluvio-glaciar que depositó una enorme morrena (material clástico de granulometría heterogénea depositado por glaciares y corrientes asociadas) en el valle adyacente (se conoce como morrena Cotani), que tiene interesantes contenidos de casiterita y otros minerales en los fragmentos de granulometría variada y también en finos sedimentos intersticiales. En los años 80, la Comibol evaluó la mineralización de estaño de este depósito; el resultado fue 350.000 toneladas de estaño contenido en la morrena, con lo cual habría la posibilidad de determinar, con más perforaciones, un tonelaje considerable de estaño recuperable para armar un proyecto de explotación. Los cambios políticos de la época paralizaron el intento y, según se sabe, el área está operada hoy por una cooperativa que hace lo que puede para obtener el mineral.

Podemos seguir con otros viejos distritos mineros como San José, Viloco, Caracoles, Santa Fe, Japo, Tazna, Tatasi- Portugalete, Pulacayo y otros; el país tiene una historia centenaria de explotaciones mineras y los desechos en superficie son abundantes. Aprovecharlos, al margen de los beneficios económicos, es una obligación para disminuir los pasivos ambientales que son estas acumulaciones minerales.

Dionisio J. Garzón M. es ingeniero geólogo, exministro de Minería y Metalurgia.

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Residuos minerales en superficie (I)

/ 17 de marzo de 2023 / 01:33

Hace 18 años y en mi paso por el Ministerio de Minería tuve un coloquio con el Club de Minería, un selecto grupo de profesionales y empresarios mineros del país, para delinear el estado de situación y las perspectivas del sector minero en esos años; como siempre se vivía en crisis por nuestra atávica dependencia del mercado externo y los precios de los commodities y por la falta de nuevos proyectos mineros que pudieran reemplazar, en el largo plazo, aquellos que se iniciaban por esos años (San Cristóbal, San Bartolomé, San Vicente, etc.), que eran el resultado del boom de exploraciones de los años 90 y que hoy están en los años postreros de su vida útil. Resulta que a esta altura de los acontecimientos la situación no es diferente, seguimos dependiendo de esos viejos proyectos y de la herencia de los Barones del Estaño para la minería estatal, no hay nuevos emprendimientos que vayan más allá de la categoría de prospectos, hay un boom de exploraciones de este tipo como lo anoto en un escrito anterior (Exploración minera en Bolivia 2000-2022), pero salvo alguna aislada excepción como es el proyecto Silver Sand de New Pacific que tiene un PEA (Preliminary Economic Assesment) favorable, se necesitarán algunos años para llevarlo a una etapa de factibilidad que acorte el panorama descrito. Ahora bien, en la charla a la que hago referencia y al margen de la consideración sobre salmueras y minerales no metálicos, remarqué lo que técnicamente llamamos “residuos minerales en superficie” para referirnos a la herencia de acumulaciones de desechos de explotaciones y de la metalurgia que se acumulan en lo que se llaman desmontes, colas, relaves, llamperas, pallacos, etc., según sea su origen, morfología, localización o el dialecto en que se nombran. Estas acumulaciones, al margen de constituir la historia de la explotación y beneficio en cada caso y de ser pasivos ambientales, son con el paso del tiempo y con los adelantos tecnológicos, nuevos depósitos minerales que pueden incorporarse al circuito productivo de cualquier empresa.

Para el tiempo de la charla, la Corporación Minera de Bolivia (Comibol), según la información de la empresa, tenía acumuladas 45 MM (millones) de toneladas (ton) en desmontes y 88 MM/ton en colas de ingenio en sus empresas dependientes; de este total, los desmontes con residuos de estaño son preponderantes y los de estaño y plata en las colas de ingenio. Siempre hubo un marcado interés a lo largo de la historia para explotar estos desechos en los periodos de apertura al capital privado en el país. Un ejemplo reciente fue el Proyecto San Bartolomé de Minera Manquiri (operadora de Coeur D´Alene en el Joint Venture, JV con Comibol) que explotó y trató metalúrgicamente los residuos coluviales (en laderas) conocidos localmente como pallacos del Cerro Rico de Potosí. Ricos en minerales de plata, fueron la materia prima de un proyecto metalúrgico para obtener lingotes de plata metálica como producto final. Fue y es todavía un proyecto exitoso de explotación de residuos minerales que logró recuperar alrededor de 120 MM de onzas de plata en su periodo principal de desarrollo (2008-2020).

Ahora bien, la estatal minera trató de implementar proyectos similares (v.g. la planta hidrometalúrgica Potosí, PLAHIPO) en sus áreas específicas desde mucho antes del proyecto de Minera Manquiri, pero no tuvo el éxito esperado aunque fue un intento válido; algo parecido ocurrió con los intentos de explotar las colas del Ingenio Itos en San José de Oruro, ricas en contenidos de plata que derivaron en un proyecto hidrometalúrgico ( JV BAREMSA- Comibol) en los años 90, exitoso técnicamente hablando. Continuará.

Dionisio J. Garzón M. es ingeniero geólogo, exministro de Minería y Metalurgia.

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