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La pugna interna conmociona al MAS

La censura y posterior ratificación del ministro Eduardo del Castillo marcan un nuevo hito con consecuencias políticas de enorme relevancia.

/ 2 de julio de 2023 / 06:39

Una conversación con Fernando Mayorga a partir de la censura y posterior ratificación del ministro de Gobierno.

El punto sobre la i

Sin ninguna duda que el hecho político de la semana fue la censura en el parlamento del ministro de Gobierno, Eduardo del Castillo, seguida por su rampante ratificación en el cargo. El conflicto interno en el MAS venía escalando día a día, acusación tras acusación, insulto tras insulto. Con todo, el episodio ministerial pone las cosas en otro nivel, cruzo un umbral en la disputa.

¿Qué está pasando realmente y en fondo? ¿Por qué ahora y no antes esta separación en la bancada del partido de gobierno? ¿Cómo siguen las cosas en adelante? Estas y otras interrogantes surgen a partido de lo ocurrido. Conversamos al respecto con Fernando Mayorga, sociólogo cochabambino con una amplia producción bibliográfica sobre el MAS y lo nacional-popular en Bolivia.

¿Cómo ves lo sucedido con la censura y la ratificación del ministro Eduardo del Castillo?

Voy a hacer una distinción entre una lectura institucional y una política. Porque hay una lectura general equivocada sobre este hecho y hay mucha confusión. A mi juicio, se ha perdido una oportunidad, otra vez, de avanzar en la implementación de la Constitución y sus avances. ¿Qué implicó incorporar en la Constitución Política del Estado (CPE) la censura a los ministros mediante dos tercios de voto, lo que llevaba automáticamente a su destitución? Implicaba limitar, restringir, reducir el presidencialismo. O sea, todos aquellos que hablan de concentración de poder, desde que el MAS está en el gobierno, no admitieron, no reconocen, que hubo en el diseño institucional esta esta regla de reducción. En el pasado había censura, pero la censura no tenía carácter vinculante, la destitución no era automática. Por eso el presidente tenía la potestad de aceptar o rechazar la decisión del legislativo y cambiar ministro o ratificarlo, cosa que hizo Evo Morales en 2007. El presidente tenía atribuciones para aceptar o rechazar la opinión del legislativo. En el nuevo orden constitucional, esto no es así. Y eso es lo que, por ejemplo, hizo Jeanine Añez al no acatar determinaciones de la bancada del MAS en el caso de Arturo Murillo, de Fernando López y de Víctor Hugo Cárdenas.

Por eso Eva Copa promovió la elaboración de una ley para evitar esa burla. Y lo que hace ahora el gobierno es, también una conducta similar, de buscar una coartada legal para que no se materialice esa norma constitucional. Que, a mi juicio, es una mirada más genérica, dejando de lado la relación de fuerzas en un gobierno determinado, insisto en que era una medida importante en términos de restricción del decisionismo presidencial. Y creo que, al actuar en función de la coyuntura, el gobierno opta por la ratificación y creo que eso es un elemento negativo en esta lógica de establecer la Constitución, de darle ciertos límites al decisionismo presidencial. Ese es un tema.

¿Qué queda entonces?

Ahora tenemos dos escenarios de disputa entre en el MAS entre liderazgos o entornos de Evo Morales y de Luis Arce. Uno es una es la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP) y otro es el partido.

En la ALP se expresó ya la postura crítica de un porcentaje de asambleístas que siguen la postura Evo Morales y de las direcciones del MAS que han dicho de manera abierta que no forman parte del Gobierno, que son críticos y, en ese sentido, que son una suerte de oposición constructiva, para diferenciarse de las otras oposiciones. Pero, en el tema del seguimiento a la gestión, la fiscalización, se termina por ligar la misma a estas estrategias electorales en función de las candidaturas presidenciales para 2025. Se convierte en una arena para dirimir esa disputa. Entonces, aparece una oportunidad para debilitar el poder del presidente, atacando a un hombre fuerte del Gobierno (Eduardo del Castillo), que además respondía a otras quejas internas en esta disputa. Entonces, ahí se junta fiscalización, crítica y cuestionamiento al ministro, pero como parte de esta disputa por quién va a encaminar la definición de la candidatura presidencial en 2025.

Eso se une además con la convocatoria al Congreso del MAS, que es el otro escenario donde se va a manifestar esta pugna. Entonces, ¿qué sucede casi en paralelo? El discutir esta confrontación en ese otro escenario partidista. Como antecedente, hay una decisión, hay una resolución de los interculturales, dirigida a quitarle la autoridad de representatividad al vicepresidente del partido, Gerardo García. Algo que, en términos estatutarios, no tiene pertinencia. Si bien hay una delegación de parte de las organizaciones respecto a quienes van a estar en la dirección, no se puede quitar el mandato. Pero esta era una señal de ir a menoscabar la fuerza, el poder de Evo Morales dentro del MAS. Entonces, frente a eso, viene esta decisión de convocar al Congreso.

¿La convocatoria al Congreso precipitó las cosas?

Es preciso tener siempre presente que octubre es el plazo límite establecido por el Tribunal Supremo Electoral (TSE) para la adecuación de las estructuras partidistas a los estatutos reformados. El MAS hace un año aprobó su nuevo estatuto y estaba pendiente que se lleve a cabo la elección de directiva, la renovación, la adecuación al nuevo estatuto.

Es decir, existe una restricción externa que obliga a la realización del Congreso y no es solamente cálculo, pero se hace. Se convoca con esta anticipación como respuesta a este intento, a través de los interculturales, de debilitar el esquema de Evo Morales dentro del partido. Pasa a ser, por lo tanto, un escenario de disputa en el cual Evo Morales tiene mayor presencia. Es más, la convocatoria establece como sede Lauca Eñe y habrá que ver qué va a suceder en los congresos departamentales pendientes.

Ahí se va a poner de manifiesto algo que he sostenido desde que Evo volvió a Bolivia y es que el único recurso de poder institucional que le quedaba del pasado era la presidencia del partido. Entonces va a venir esta discusión muy interesante, en un movimiento que es tachado de populista, que el debate de carácter reglamentario e hiper institucionalista, porque tiene que ver con requisitos para ser dirigente; para participar en el Congreso; para ser postulado y para todo lo que tiene que ver con la actividad de militancia. Se han introducido elementos de antigüedad, de registro en el padrón biométrico, etcétera. Esto va a implicar que muchos dirigentes se van a quedar sin posibilidades cumplir lo necesario para seguir como tales. Y ahí habrá que ver si se cuestiona la reelección de Evo Morales como presidente del MAS, que en su estrategia es clave para su plan hacia 2025. En lo partidario están estos Congresos departamentales y el Congreso nacional, donde las partes van a actuar.

¿Qué pasa con las oposiciones?

Es evidente que el caso de ALD hay un componente distinto, porque ahí en el marco de esta disputa interna, opera la oposición. Es muy irónico que la oposición ahora reclame que se respete el primer poder del Estado, que la Asamblea Legislativa es la expresión de la voluntad popular. Ahora hablan de eso, pero cuando los dos tercios eran del MÁS o al menos la mayoría, para ellos no tenía ese carácter tan democrático. Con todo, la oposición, que no tiene incidencia en el proceso político, puede ahora sí, sumar sus votos en el marco de esta disputa. El resultado final es el debilitamiento del Gobierno.

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Aquí abro otra lectura institucionalista y es la figura del gobierno dividido. Esto se da cuando el partido del presidente no tiene apoyo en las dos cámaras. Eso le pasó a Evo Morales en su primer el gobierno. En ese momento el Senado tenía mayoría opositora, incluso tenía capacidad de veto y puso restricciones.

Cuando entra Luis Arce, tenía mayoría. No dos tercios, pero mayoría en las dos cámaras de la ALP. Ahora, con esta fractura en la bancada, que a mi juicio es volátil, creo que habrá votaciones fluctuantes. Eso sí, con esta fractura en la bancada del MAS y en una coincidencia de votación anti presidente en la oposición, se tiene la pérdida por parte de Arce de la mayoría parlamentaria necesaria para apoyar sus decisiones. Esta es una figura de gobierno dividido, pero de carácter circunstancial, no permanente, porque unas votaciones u otras interpelaciones no cuentan con un voto, digamos, uniforme.

¿Cómo ves las cosas hacia adelante?

Habrá que ver qué sucede cuando se discutan medidas que tengan que ver con la política económica. Eso sí, ya estamos ante una señal preocupante, porque puede darse una reiteración de este tipo de relación entre Ejecutivo y Legislativo y eso tiene consecuencias no solamente para la gobernabilidad en términos de reposición de la estabilidad política, sino para, encarar lo realmente complejo, que es este contexto económico que tiene varias aristas preocupantes y negativas.

¿Votaciones fluctuantes?

Más que fluctuantes, contingentes, dependiendo del tema de la agenda legislativa. En el caso de la última interpelación hubo coincidencias entre oposición y la fracción del MAS critica al gobierno. Lo curioso es que el tema en cuestión no era la política pública, no era la seguridad interna, no era nada que tenga que ver con la polarización política.

¿En qué ayuda lo ocurrido?

Como que recién se están poniendo las cosas claras. Si uno escucha el tenor del discurso del ministro ratificado y del propio presidente y luego escucha la reacción en los tuiteos de Evo Morales, como que ya se están poniendo las cosas más explícitas. Y eso ojalá ayude a que a partir de las posturas de emisores discursivos que son decisivos, que son actores estratégicos, se ordenen los demás porque a eso es a lo que hay que apuntar. Se requiere distinguir, establecer quiénes son los actores estratégicos en esta pugna interna del MAS. Actor estratégico es aquel que tiene capacidad para definir el rumbo de las decisiones, para generar conflicto o para evitarlo. Hay que ver quiénes son importantes en eso y el resto de las voces estridentes cargadas de anatemas, insultos, acusaciones, no tienen ninguna importancia.

¿Y las organizaciones sociales?

Luego está ese tema clave, que es la relación y el rol de las organizaciones sociales. Yo estaba resaltando, hasta ahora y todavía sigo con esa idea, que esta disputa, la existencia de estas dos tendencias, es algo de carácter cupular. Esto porque las bases, o sea, las organizaciones sociales, no se alineaban. Mi ejemplo es bien simple. En diciembre del año pasado, Evo Morales convocó a un acto en Sacaba para festejar el aniversario de la primera victoria electoral con mayoría absoluta, la del 2005. Fueron todas las organizaciones, todo el pacto de unidad. No fue el presidente, tampoco el vicepresidente del Estado. Pero estaban todos ahí. El 22 de enero se hace un acto para el aniversario del Estado plurinacional en La Paz. No fue Evo Morales, porque lo invitan de una manera un poco de descortés. Y fueron todas las organizaciones sociales. Y cuando estaba hablado el presidente, el vicepresidente, y todos decían que están con Luis Arce.

Veo que están con los dos. A cada uno le reconocen su rol y están ahí. Entonces, el día de la notificación al ministro, estaba todo el pacto de unidad. Y uno observa el inicio de los discursos del ministro y del presidente hacen una enumeración de todos los dirigentes mencionados de manera personal. Entonces, si uno le escucha las declaraciones de los dirigentes de las organizaciones matrices, son siempre muy cautelosas. No entran en este festival de mutuas acusaciones y descalificaciones. Es otro tenor. Y eso, ahí sí se manifiesta esta demanda de unidad y demás. Y ese va a ser el tema clave en esta reyerta en el legislativo, para ver la presencia de dirigentes de organizaciones en la ratificación. Ahí está claro que hay respaldo de la gente al presidente. Habrá que ver el rumbo que tome al Congreso nacional ordinario, que implica la elección o sustitución de Evo Morales como presidente del MAS. Habrá que ver qué pasa con el comportamiento de las organizaciones.

(*)Pablo Deheza es editor de Animal Político

Polarizaciones y fragmentaciones, el puzle político boliviano

Una conversación con el politólogo Carlos Saavedra sobre las tendencias a la división entre y dentro de las oposiciones y el oficialismo.

La polarización se torna en la nueva normalidad y se manifiesta no sólo entre oficialismo y oposición, sino también dentro de ambos.

Por Pablo Deheza

/ 9 de julio de 2023 / 06:45

RAZA POLÍTICA

El mundo viene experimentando enormes cambios sociales políticos y económicos en lo que va del Siglo XXI. La vida se viene trasegando de la experiencia física a una cada vez más creciente existencia y atención en lo digital. Este paso viene siendo acompañado por una otra manera de acceder a la información a través de las redes sociales, lo que también está configurando las aristas de la política actual, tan cargada de polarización, burbujas culturales y cámaras de eco, de donde la gente sale aturdida y convencidos todos, cada uno por su lado, de que la verdad que ocupa sus cabezas es la única.

Nuestro país no es la excepción a este fenómeno global, que nos golpea a nuestra medida y sobre la base de nuestras propias características e historia. Hasta la primera década del siglo en curso, la diferenciación estaba claramente marcada entre el MAS y la oposición. Hoy en día esas fronteras se vienen diluyendo y reina la tendencia a la fragmentación. La otrora oposición devino en oposiciones y éstas a la vez muestran otra serie de divisiones internas. En el MAS está pasando lo mismo, con autodenominados renovadores y radicales de uno y otro lado, pero también con diferencias al interior de estos grupos.

Sobre estos temas conversamos con el politólogo tarijeño Carlos Saavedra. Nos habla del contexto global y luego abordamos con él las especificidades del caso boliviano. A continuación, el diálogo que tuvo con Animal Político de La Razón.

¿Cómo ves el clima político actual y las polarizaciones que parecen ir marcando el ritmo de la conversación global?

Estoy convencido de que se tiene una intensificación de la polarización como hecho político. Pero, además, yo creo que el conflicto es la esencia de la política. Muchas veces huimos al concepto de conflicto asociándolo mecánicamente con algo negativo, cuando en realidad el conflicto es la esencia que mueve las disputas políticas y que termina confrontando visiones distintas de mundo. Ahora yo siento que está profundizándose la polarización, y eso se ve en el mundo entero, a partir de la misma forma en la cual la gente está consumiendo información. Hoy se tiene una lógica algorítmica de consumo de información y de consumo de producción ideológica. Cada vez más el consumo de información en redes, que es masivo en ciertos segmentos, lo único que hace es confirmar los puntos de vista con que lega la gente y defenestrar los del adversario. Entonces cada día se está más encerrado en una forma de pensar porque sólo consume cosas que refuerzan lo que se piensa. Esta lógica de política algorítmica está haciendo que los segmentos más radicales de la política hoy tengan mucha más preponderancia y sean opciones viables electoralmente en determinados lugares. Hoy los extremos jalan muchísimo en términos electorales. Y así se tiene aquí en la región a José Antonio Kast en Chile, Javier Milei en la Argentina, Jair Bolsonaro en Brasil. Tienes varios ejemplos que se creía que nunca podían haber tenido una opción seria, en lo electoral, que al final se están posicionando todo el poder. Mira lo que ha pasado con el partido Vox en España. Entonces, yo creo que la polarización ha llegado, pero además de la mano de la digitalización, de la mano de la hegemonía de las redes sociales como instrumento de información y de su modelo algorítmico de nutrirse de información. Hay que prestarle mucha atención a ese hecho en lo global, que obviamente decanta en lo local. En Bolivia también estamos viviendo eso.

¿Cómo se da esto en Bolivia?

Yo distinguiría distintos tipos de polarización. Yo creo que está la polarización con causa, que es una polarización más ideológica. Ahí hay una distinción. una forma de ver el país clara, que es la construcción de lo plurinacional como proyecto político, y, al frente, está lo anti plurinacional. En términos ideológicos, esa es la polarización que hay, porque no hay otro proyecto. Aunque se está viendo últimamente que hay algunos esfuerzos por intentar posicionar la necesidad de un estado libertario, parecen son cosas hasta ahora totalmente aisladas, que no son masivas. Pero, son ciertos gérmenes que quieren contagiarse de lo que pasa en países vecinos. Por el momento yo diría que no tienen todavía un gran eco en términos masivos, Con todo, la polarización ideológica en Bolivia se divide en dos: el proyecto plurinacional y los anti masistas, los anti plurinacionales. Donde éstos últimos no necesariamente reflejan un proyecto político de futuro sino la oposición política, económica, cultural a un proyecto de poder que es el que ha guiado el horizonte de futuro en Bolivia hace más de quince años. En términos ideológicos, es esa la polarización.

¿Qué pasa con las disputan internas dentro del MAS?

Ahora bien, pienso que hay otro tipo de polarizaciones que son las que se dan a partir de disputas de espacios de poder. Por ejemplo, yo no creo que haya una gran diferencia ideológica entre las élites cruceñas, que tienen el mismo modelo de pensamiento, pero tienen distintas miradas de cómo pararse ante la política nacional. Pero en el fondo tienen muchas similitudes en su concepción económica, cultural, política del país. Y lo mismo siento que pasa en el MAS. No creo que haya una disputa ideológica ahí; que el modelo de país que plantee Arce o Evo sea diametralmente distinto en lo económico, en lo político, en lo cultural, en el orden simbólico de las cosas. Entonces, esas son ya más polarizaciones a partir de la disputa por los espacios de poder, de la pugna por ámbitos de poder específicos. Desde mi punto de vista, esos son los ejes que ordenan las polarizaciones.


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El MAS ha sido muy hábil en instrumentalizar, en construir una causa de poder durante estos años. Y, obviamente, como cualquier proyecto político fuerte y hegemónico, ha construido su horizonte de futuro y su polarización. Entonces, en determinado momento el MAS ha polarizado con el antiguo modelo colonial, neoliberal, patriarcal, de economía abierta, planteando en contra un estado plurinacional más inclusivo, un modelo de economía social, comunitario y productivo. Así, ha habido una polarización que le ha funcionado muy bien en términos electorales porque polarizaba con la oposición. Siento que el gran problema del MAS de hoy en día es que su polarización interna no es ideológica. La gente ve que es una polarización por espacios de poder que puede terminar siendo fratricida en la interna del MAS. Por esto, pienso que hay que distinguir muy bien las clases de polarización presentes en Bolivia.

¿Y entre las oposiciones?

Bueno, definitivamente en política hay que diferenciarse para sobrevivir y hay que saber dónde apuntar. Entonces el camachismo ha construido, a partir del clivaje regional, un discurso muy local exitoso. Un modelo regional que tiene sus características en lo económico, que supuestamente es diferente del país. Entonces, este discurso local con su mirada de la economía y un poco de la política a través del planteamiento del federalismo, y de otros modelos de administración del estado, se diferencia de Comunidad Ciudadana (CC), que al final no se termina de distinguir cuál es su proyecto político. CC termina siendo una fuerza política que es muy ambigua en términos ideológicos. Es natural esto porque a la postre no es un proyecto político, es una junta electoral que va recogiendo candidaturas muy diversas, que va uniendo participación política de distintos actores que no tienen ni siquiera mucho que ver entre ellos. Noto que en Creemos que hay más consistencia, sino ideológica, por lo menos mucha más sintonía discursiva entre lo que plantean respecto a lo que hace CC, que lo percibo como un proyecto político amorfo; que no se termina de decir. Esto es claro, por ejemplo, con la declaración que hizo hace un poco más de un año la senadora Andrea Barrientos. Ella decía que CC tiene más coincidencias ideológicas con el MAS que con Creemos. Eso le costó la jefatura de bancada. Debido a esto surge entonces la duda sobre qué es, en términos ideológicos, CC y con qué polariza. porque no hay una claridad de cuál es el país al que aspira, es un anti masismo light, cuando Creemos es un anti masismo radical. Esa es la polarización que hay ahí, pero al final ninguno de los dos termina de presentarte con claridad un proyecto político, un horizonte de futuro, al país. No terminan de leer la historia con profundidad para decir venimos de acá y vamos hacia allá, que es lo fundamental en construcción de una narrativa política, de discurso, de propuesta ideológica. Esa es en buena medida la distinción entre Creemos y CC. Terminan polarizando sólo a partir de su anti masismo y creo que es su característica, pero no terminan generando proyecto político propio. No digo que eso no sea rentable, yo creo que en algunos lugares el mundo ha terminado siendo rentable, pero cuando además le ha dado le ha dado una propuesta política adicional. Siento que estos partidos todavía están en un ciclo embrionario, esperando a ver si pueden, o no, desarrollar propuestas alternativas de país.

Así las cosas, parece que la polarización es una trampa para las oposiciones, porque las encierra y les impide, desde sus propios convencimientos, dialogar y menos aún incorporar a las mayorías populares e indígenas. ¿No ves en esto una repetición irresoluta de la paradoja señorial de René Zavaleta?

Ellos son la representación de la paradoja señorial zavaletiana porque eso representan esas élites. Percibo que en determinado momento no les interesa incorporar a los espacios de poder a estos otros grupos que el MAS sí ha incorporado, en términos de orden simbólico, en términos de asignación material de espacios de poder, porque al final son los proyectos de las élites y son los proyectos señoriales que obviamente bajo nuevas morfologías más modernas terminan produciéndose. Obviamente, necesitan tener un manto de populismo, pero en el fondo lo que hacen es reproducir esquemas de poder muy conservadores. Al final la apertura que pueden tener estos proyectos políticos termina siendo muy ficcional. Construyen ficciones de inclusión, pero en el fondo quienes terminan tomando las decisiones, quienes terminan siendo los que ordenan esos proyectos políticos, son parte de ciertas élites de poder que lo que hacen es reproducir viejos esquemas que, obviamente, van en contraposición con lo popular. Entonces, hay todavía una contradicción ideológica entre los que defienden lo nacional popular y los señoriales. Con nuevas formas, con nuevas morfologías, pero la contradicción que ha guiado a lo nacional popular versus lo señorial continúa vigente y creo que hay que prestarle atención a eso.

También está el clivaje regional.

Evidentemente, en determinados lugares, como en Santa Cruz, por ejemplo, el empoderamiento de lo indígena, de lo popular, es distinto que en el occidente del país. A pesar de que yo tengo la hipótesis de que hay una Santa Cruz emergente, que todavía no ha terminado de encontrar los liderazgos ni de organizarse, pero que está ahí en un caldo de cultivo latente, y que en cualquier momento va a interpelar. Ya ha interpelado en las calles, pero en cualquier momento también va a empezar a interpelar electoralmente y en disputa de espacios de poder a la Santa Cruz tradicional, que está más vinculada con estas élites señoriales que terminan manejando todavía, bajo lógicas patronales, la política cruceña. Esto está latente creo que esas diferencias son necesarias de marcarlas. Por otro lado, CC tiene una morfología de patronaje señorial, pero de sello más occidental, más paceño urbano. Porque son esos grupos intelectuales, paceños, que de alguna manera antes detentaban el poder, que se han agrupado en estas organizaciones políticas. Pienso que, en términos electorales, han sido derrotados porque todavía la idea vigente, la idea hegemónica de la política, es la nacional popular vinculada a la construcción del Estado plurinacional.

¿Existe la posibilidad de una eventual transición alternativa, ordenada y democrática respecto al MAS?

Yo creo que todavía el MAS termina siendo el gerente del campo político boliviano. Yo creo que va a ser determinante lo que pase al exterior del MAS para el surgimiento de otras expresiones. Hoy en día siento que se está generando el caldo de cultivo para la consolidación de un nuevo liderazgo que recoja las banderas más importantes del Estado plurinacional, pero que también proyecte otros nuevos estandartes. Una suerte de Estado plurinacional 2.0. Esto va a depender mucho de lo que pase al interior del MAS. Si la batalla es más fratricida, tan dura y tiene tanta intensidad, el MAS puede terminar siendo el peor enemigo del MAS y el MAS puede terminar cancelando electoralmente al MAS. Así, una oposición que hoy no tiene una morfología política clara, que no tiene liderazgo, a pesar de todas esas debilidades en términos electorales, puede tomar el poder. Ahora, lo que yo creo es que sí hay, se está generando las condiciones de posibilidad para la formación de un proyecto político renovado que continúe la construcción del Estado plurinacional con lo más importante del orden simbólico material que es reconocido en todo el país, pero también incorporando nuevas formas de administración del poder e incorporando nuevas causas; que haga el link con los nuevos sujetos interpelantes del poder, que son los jóvenes, que tienen otras formas de comunicarse, de ordenarse. Yo creo que se está generando el caldo de cultivo para que se pueda dar una transición. Ahora, la interna MAS va a definir si esa transición es ordenada hacia una lógica de Estado plurinacional 2.0, o si es fratricida, y más bien, a partir de esa implosión que hay en el MAS, hay un espacio para que las fuerzas más conservadoras de derecha puedan tomar el poder.

(*)Pablo Deheza es editor de Animal Político

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La igualdad como agravio

García Linera reflexiona sobre las cuestiones de la igualdad económica y su vinculación con la polarización social.

/ 9 de julio de 2023 / 06:30

DIBUJO LIBRE

¿Porque sociedades donde los ingresos económicos han mejorado en las últimas décadas presentan altos grados de polarización política? Estados Unidos, como la mayor parte de los países de Europa, han visto modestos progresos del ingreso medio de sus habitantes, sin embargo, desde hace una década atrás, atraviesan crecientes grados de crispación política y malestar social. Como lo han mostrado varios economistas (Pikkety 2019 Deaton, 2015), la desigualdad, entendida como la proporción de los ingresos que la mayoría de las personas reciben respecto a lo que unos pocos ricos obtienen, se ha incrementado de manera abrumadora en favor de estos últimos, despertando conciencia de injusticia y frustración colectiva (Sandel, 2020).

Sin embargo, varios estudios sobre polarización en EEUU (Esteban, Ray, 2011), han verificado que en los años 90s del siglo XX, no solo hubo un incremento de la desigualdad, sino que los propios ingresos medios disminuyeron temporalmente, sin que ello hada dado lugar a antagonismos públicos. Pareciera ser que además de la injusticia redistributiva, se necesitara la experiencia de una perdida, de una usurpación, para que se genere un estado de crispación social. Puede ser la sustracción de reconocimientos, de oportunidades o de certidumbres susceptibles de desencadenar oposiciones enguerrilladas.

Los fatídicos acontecimientos políticos del 2019 en Bolivia, son una experiencia paradigmática de esta formación de polarizaciones políticas.

Desde la llegada de Evo Morales al gobierno, entre 2006-2019, cerca de un 30% la población, mayoritariamente indígena, paso de la pobreza a ingresos medios. El salario mínimo se multiplico por 5, el crecimiento económico se estabilizo en torno a un 4,5 % anual y la desigualdad paso de 0,58 a 0, 41 en la escala de Gini (UDAPE, 2019). Sin embargo, desde inicios del gobierno, sectores de clases medias tradicionales, vinculadas a profesiones liberales y la antigua administración pública se ubicaron en una irreductible oposición política al gobierno de Evo y, con el tiempo, asumiendo militantemente un antagonismo cultural a todo lo que el representaba. Pese a que en 14 años, no habían sido objeto de ninguna temida expropiación de bienes, habían mejorado gradualmente sus ingresos salariales y hasta había aumentado su capacidad de consumo y ahorro, el 2019 salieron a las calles; realizaron paros de protestas, quemaron ánforas electorales, apoyaron el nombramiento de una presidenta del Estado sin sesión congresal, legitimaron la masacre cometida por militares y policías en contra de humildes pobladores que defendían al gobierno democrático, y hasta rezaron alrededor de cuarteles militares para que los uniformados instauren una dictadura militar. La explicación de que tenían razones legales para oponerse a la repostulación de Evo, olvida que los alegatos jurídicos adquieren emotividad moral solo cuando condensan la defensa de determinados bienes materiales o inmateriales.

Hace tres años, demostramos que la base material que sustento, y sigue sosteniendo, esta politización desdemocratizadora entre las clases medias tradicionales bolivianas, es la perdida de reconocimientos, de exclusividades, de cargos y contrataciones estatales anteriormente asequibles de manera “naturalizada” por origen social, abolengo y lealtad étnica. Bienes y recursos que ahora están a disposición de muchas más personas, procedentes de orígenes sociales e identidades étnicas diferentes (naciones indígenas). Claro, la llegada de Evo al gobierno y la instauración de un Estado Plurinacional, ha significado un raudo ascenso social económico de sectores indígena populares; ha posibilitado una remoción del origen social de la totalidad de las jerarquías de la burocracia estatal que, encima, debido a las políticas de nacionalización, ahora controla cerca del 35% del PIB nacional. El Estado ha trastocado los títulos de legitimación para optar a un puesto laboral (ministerios, diputaciones, sistema de justicia, embajadas, empresas públicas, etc.) o la adjudicación de obras públicas. Si antes contaba un apellido de origen extranjero, redes de amistad endogámicas, un título de posgrado, el color de piel blanqueda (el capital étnico); ahora cuenta muchísimo más la filiación a un sindicato obrero o campesino; saber hablar aymara o quechua o moverse en las redes de lealtad étnica de las comunidades indígenas.

El ascenso económico de sectores populares e indígenas, con la consiguiente devaluación de la etnicidad criollo-mestiza para acceder a reconocimientos, contrataciones y nombramientos públicos, ha significado un avance extraordinario de la igualdad social. Y es algo que debe continuar. Pero, estos avances de justicia social y democratización económica, también han despertado odios viscerales y resentimientos morales de unas clases medias tradicionales que viven esta ampliación de derechos colectivos como una expropiación imperdonable de su estatus social, de sus privilegios de sangre y color de piel heredados de sus padres y abuelos. Para ellas, la igualdad es un agravio al orden naturalizado de la sociedad.

El ensanchamiento de las clases medias, devalúa las posiciones y el estatus de las antiguas clases medias. La depreciación del capital étnico mestizo-criollo (herencia colonial) que anteriormente garantizaba beneficios públicos y reconocimientos, instaura otros criterios de valor social asentado en las practicas mayoritarias de la población (popular, indígena), y empuja a la decadencia los antiguos parámetros de movilidad social ascendente. Se tratan de hechos inevitables del avance de la justicia y la igualdad. Pero, ineludiblemente, todo ello genera rechazos, tanto más viscerales si los antiguos privilegios de clase media se sustentaban principalmente en el linaje.

Con otras particularidades, un fenómeno parecido se ha dado en Brasil con sus clases medias frente al ascenso social, vía educación y consumo, de sectores populares (Anderson, 2019). Y, en cierta medida, el odio contra los migrantes anidado entre clases laboriosas de países del norte, puede tener las mismas raíces anti-igualitarias.

La “Gran Convergencia”

Esta vinculación entre igualdad económica y polarización social la retoma el economista B. Milanovic para estudiar los efectos de la reducción de la desigualdad en el mundo (Foreing Affairs, 14 /VI/2023). El ex jefe del departamento de investigación del Banco Mundial (B.M.), reconoce que, en las últimas décadas, al interior de cada país ha aumentado la desigualdad; pero, vista a escala global, esta ha disminuido. Para comprobar ello, introduce el concepto de “desigualdad global” para estudiar la disparidad de ingresos entre todos los ciudadanos del mundo. Tomando como cero el momento de igualdad absoluta, en la que todos los habitantes del mundo tienen los mismos ingresos, y 100, cuando una sola persona concentra todos los ingresos, comprueba que la desigualdad planetaria ha disminuido notablemente en las últimas 3 décadas de globalización.

Con una mirada de largo plazo, ve cómo es que desde los años 1820 hasta 1990, la desigualdad mundial ha tenido un crecimiento sostenido, pasando de 50 a 70 puntos. Si antes de la revolución industrial del siglo XIX, el país más rico (Inglaterra) tenía un PIB 5 veces mayor que el más pobre (Nepal), a fines del siglo XX, la diferencia entre el PIB del más rico (EEUU) y el más pobre llego a ser de 100 a 1. Pero desde fines del siglo XX hasta ahora, la desigualdad ha caído de 70 puntos a 60, fundamentalmente por el ascenso económico del país más poblado del planeta: China.

Y lo más relevante del articulo son los efectos de esta asiatización de la riqueza en las jerarquías y consumos globales. Comprueba que las clases medias y populares de las economías occidentales, que durante un siglo ocuparon la posición media alta y alta de los ingresos mundiales, ahora están retrocediendo. Por ejemplo, un ciudadano pobre de Norteamérica que en 1988 ocupaba el percentil 74 de los ingresos mundiales, el 2018 ocupa el percentil 67. De la misma manera, un italiano, de ingresos medios, ha visto caer su posición 20 puntos en el mismo periodo. Y en general se trata de un declive de los sectores medios y pobres de los países occidentales ricos en el rango global. En contraparte, un ciudadano medio chino, que en 1988 ocupaba el percentil 35, ha alcanzado el percentil global 70 en 2018. En general, las clases medias y bajas de “occidente” están siendo gradualmente desplazadas en su jerarquía mundial y en el acceso a bienes globales (eventos culturales, vacaciones, innovaciones tecnológicas, etc.), por una nueva clase media global proveniente de los países asiáticos. Y a medida que ciertos consumos globales ya se están volviendo inaccesibles para estas clases populares y medias occidentales, la sensación de “perdida” se acrecienta, con la consiguiente polarización social.

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Milanovic considera que, por ahora, los más ricos globales, que son un 80% occidentales y japoneses, no han sido afectados de manera sustancial. Sin embargo, es probable que, de mantenerse las tasas de crecimiento de China, y de crecimiento mediocre de EEUU y Europa, en los siguientes 20 años, el porcentaje de ricos globales chinos igualara a la de los norteamericanos; en tanto que las clases populares y medias occidentales perderán aún más rápido sus posiciones jerárquicas en la riqueza global, reflejando el “cambio en el orden económico mundial”. Las variaciones geográficas en el PIB mundial, son por demás elocuentes de este proceso: Entre el año 2010 y 2020, EEUU cayo de una participación del 30%, al 25%. En tanto que China paso del 3,7 % al 17, 3 % (B.M., 2023).

Tenemos entonces, en el caso de Bolivia y del mundo considerado en su conjunto, que experiencias de mejora de ingresos económicos en “clases” medias, pero retroceso en sus jerarquías y antiguos privilegios debido a políticas de igualdad, producen sensaciones de “perdida” y desquiciamiento del orden moral de la sociedad por intrusión de sectores “igualados”. Sobre esta base vendrá luego el crecimiento del antagonismo pasional hacia los “otros” (los migrantes, los indígenas, las mujeres, los “comunistas”, etc.). Es la reacción a la decadencia de su poder y estatus. El miedo al “gran reemplazo” que nubla la razón de no pocos votantes de las sociedades occidentales ricas (EEUU, Europa), quizá no tenga que ver solo con la creencia de que los latinos, los africanos o los musulmanes sustituyan a las poblaciones “blancas”. Sino con el horror y resentimiento que les despierta el saber de su inexorable desplazamiento en los privilegios globales que los “occidentales” disfrutaron durante los últimos 200 años de colonialismos imperiales. Y es que, como lo señala Tooze (2023), ahora ya “solo son pasajeros de un tren conducido por otros”.

(*)Álvaro García Linera es exvicepresidente de Bolivia

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Tercera edición de comicios mediáticos

Un reseña de la último libro de la Friedrich Ebert Stiftung (FES) sobre la compleja relación entre comunicación y procesos electorales.

/ 9 de julio de 2023 / 06:10

SALA DE PRENSA

Las Elecciones del año 2020 en Bolivia fueron las más complejas de nuestra historia democrática. Se produjeron en un contexto de crisis múltiple, polarización e incertidumbre. Veníamos de la coyuntura crítica del 2019 que derivó en un régimen provisorio y unas elecciones fallidas declaradas “sin efecto legal”. Estábamos en medio de una difícil pandemia, con miedo y cuarentenas. Y la fisura en el campo político se expresó también en polarización social. Fue incierta hasta la fecha de votación, postergada tres veces.

Hay varias lecturas de esas elecciones desde el comportamiento electoral, la reconfiguración del campo político, el nuevo mapa de actores, las mutaciones en el sistema de partidos. Pero son escasos los estudios en torno a la compleja interacción entre actores políticos, medios de comunicación, encuestas de intención de voto, institucionalidad electoral y redes sociodigitales. El libro Comicios mediáticos III (FES, 2023) viene a llenar ese vacío. Lo hace con amplia evidencia empírica, cinco estudios de caso y un valioso análisis comparado.

Una serie comparada

La serie de estudios/libros denominada Comicios mediáticos es resultado de un trabajo de equipo impulsado por IDEA Internacional desde el 2009. Ese año se inició la primera investigación orientada a explorar la incidencia de los medios de comunicación y las encuestas en las elecciones generales. En 2014 se realizó el segundo estudio, incluyendo un capítulo sobre redes sociodigitales. Y ahora tenemos el tercer tiempo de la serie con la investigación en torno a las elecciones 2020. En la publicación del nuevo libro la posta fue tomada por la Fundación Friedrich Ebert (FES Bolivia).

En ese marco, en conjunto, el libro Comicios mediáticos III ofrece un amplio paisaje sobre el desempeño de los medios de difusión masiva, las redes sociodigitales y los estudios de opinión pública en las complejas elecciones 2020 en Bolivia. Se nutre de diferentes variables de análisis y muchos datos, en diálogo con los dos anteriores estudios (2009 y 2014) para fines de comparación.

Así, el libro nos cuenta una historia de continuidades y cambios en la compleja relación entre comunicación y procesos electorales. De manera específica, en la publicación se observa cómo influyeron en las elecciones 2020 la propaganda en televisión, la agenda informativa, la opinión mediática, las encuestas electorales y la digitalización de la campaña.

Cinco entradas, cinco

¿Qué vamos constatando en el movido campo de la comunicación política donde los medios masivos, las plataformas digitales y los estudios de opinión pública intervienen en las elecciones y, claro, buscan influir en sus resultados?

En el primer capítulo, “Propaganda electoral televisiva. Desplazamientos y complementos en la era de la cibercampaña”, se estudian los usos de la televisión como espacio y mecanismo de la propaganda electoral. El spot continúa siendo una pieza clave. Permanece el predominio del candidato por encima del partido y del programa de gobierno. Y persisten las brechas e inequidades en el acceso a la televisión para fines de propaganda electoral. Hay reflexión también sobre la normativa vigente, la propaganda electoral gratuita y la propaganda gubernamental

El segundo capítulo se ocupa de la “Agenda informativa: entre la realidad mediática y la electoral”. El estudio aborda el desempeño periodístico en la construcción y establecimiento de la agenda de noticias en periódicos. Además del análisis general sobre la cobertura informativa, se analiza la participación política de las mujeres y el financiamiento de los partidos. Hay datos sobre el posicionamiento político de los medios, el predominio de hombres como fuente, la cobertura marginal de las propuestas programáticas y el predominio del enfoque de conflicto.

El tercer capítulo, titulado “Encuestas, las grandes protagonistas: los estudios de opinión como actor electoral”, analiza el lugar protagónico de los estudios de opinión en el complejo ciclo electoral 2019-2020, momento de grandes retos para el “ecosistema” sondeocrático boliviano. Se consideran no solo cuestiones técnico-metodológicas y normativas, sino en especial “las tramas de intereses y subjetividades que tejen los actores mediáticos y políticos”. Se analiza también el marco normativo y las fragilidades técnicas, de análisis y de difusión de las encuestas electorales.

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En el cuarto capítulo se aborda la “Agenda de opinión mediática: la disputa de las interpretaciones electorales”. El estudio se concentra en el análisis del tratamiento opinativo electoral en siete diarios y en siete redes de televisión de alcance nacional. La premisa es que la arena mediática opinativa expresa la toma de posiciones e interpretaciones sobre el proceso electoral. Así, los medios despliegan estrategias para la construcción de distintas “versiones” de la realidad a fin de incidir en las percepciones, posicionamientos y preferencias electorales de la ciudadanía.

Por último, el quinto capítulo temático explora las “Redes sociodigitales: de la utopía democrática a la distopía desinformativa”. El análisis se ocupa de las campañas electorales digitales, que tienen características propias. Así, hay un minucioso análisis sobre el manejo de cuentas partidarias y de las candidaturas presidenciales en Twitter, Facebook, Instagram, YouTube y TitTok. Se observa también el lugar de las páginas web y la plataforma Zoom. Y hay un apartado sobre la desinformación, las noticias falsas y la posverdad.

El capítulo final: “Comicios mediáticos, tercera ronda”, ofrece una síntesis de los principales hallazgos de cada estudio de caso e identifica algunas tendencias, en tanto continuidades y cambios, que pueden proponerse para la discusión.

En ese marco, se reafirma la interacción y confluencia de varios factores: el desempeño de los actores relevantes, el marco institucional, la variable normativa, los intereses en disputa, los recursos de poder, en fin, los discursos. El libro Comicios mediáticos III demuestra que el examen de esta trama compleja y fluida es una tarea fundamental para comprender el campo político y la disputa electoral, así como para alentar un mejor ejercicio democrático.

El libro está disponible en: https://library.fes.de/pdf-files/bueros/ bolivien/20402.pdf

(*)José Luis Exeni es coordinador de proyectos de la FES

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Recuperar a UNASUR

Es necesario preservar los avances, mejorar lo que sea necesario y seguir avanzando en la integración sudamericana.

Logo de la Unasur

/ 2 de julio de 2023 / 06:34

DIBUJO LIBRE

La reciente reunión convocada en Brasilia, por el presidente de Brasil, Lula Da Silva, sobre la restitución y recuperación de la Unión de Naciones Suramericanas, UNASUR, retoma la necesidad de analizar el presente y futuro de este organismo de integración sudamericano. En la última década, UNASUR se convirtió en la instancia alternativa de diálogo político y concertación sudamericana. Durante este tiempo, América Latina tuvo un periodo de recuperación de las economías latinoamericanas en el que se produjo el ascenso de gobiernos progresistas de orientación popular e izquierda. Pero fue la dimensión política, el factor diferencial que dio fundamento a este nuevo mecanismo, que nació con expectativas unánimes, por su acompañamiento a procesos políticos renovadores en la región, y también por el liderazgo del extinto expresidente Hugo Chávez de Venezuela, en la búsqueda de hacer converger y trascender los sistemas de integración de Mercosur y la Comunidad Andina de Naciones, en el área sudamericana.

Sin embargo el giro de orientación política ideológica en los gobiernos de Argentina Brasil y Chile, de la época, así como la proliferación de tensiones internas en varios países, tramito un desgaste del consenso que impulsó el dinamismo político de UNASUR durante su etapa constitutiva de principios y mediados de la primera década del presente siglo. En enero de 2017, el ex presidente colombiano Ernesto Samper dejó la Secretaría General de UNASUR y desde entonces el cargo está vacante porque los doce países que conforman el organismo sudamericano, no se pusieron de acuerdo para elegir a un reemplazo. Esta parálisis institucional apenas disimulada con encuentros políticos eventuales, presencia formal de seguimiento electoral o mínimas acciones sectoriales, se agravo cuando Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Perú le notificaron a Bolivia, que ocupaba por entonces la presidencia pro-tempore de UNASUR, que dejarían de participar en las instancias del bloque hasta que se garantice el funcionamiento adecuado de la organización.

Y así pasaron 6 años de metamorfosis política regional en los Estados miembros, en la que acontecieron, desde golpes de Estado, giros a gobiernos de derecha, como también el retorno de gobiernos de izquierda en los países del área sudamericana. Con el regreso de los miembros históricos de UNASUR, Brasil, Argentina y también Colombia, el Presidente Lula convocó, a fines del mes de mayo del presente año, a la cumbre de países sudamericanos en el Palacio de Itamaraty. Fue así que, presidentes de 11 países, Brasil, Venezuela, Colombia, Argentina, Bolivia, Chile, Guyana, Paraguay, Surinam, Uruguay y Perú se volvieron a reunir, luego de 9 años, de realizado un encuentro similar, que tuvo lugar en Guayaquil, Ecuador, durante en la VIII Cumbre de UNASUR, en 2014. El continente sudamericano, tiene una población de casi 450 millones de habitantes, con el mayor y más variado potencial energético del planeta. Si tenemos en cuenta las reservas de petróleo, gas, hierro, litio, hidroelectricidad, biocombustibles, y más de un tercio de las reservas de agua dulce y biodiversidad del mundo, la región constituye un importante mercado de consumo y la quinta economía mundial, con un Producto Interno Bruto (PIB) combinado que ya alcanza los 4 billones de dólares. En este marco, el Presidente Lula -que retoma el rol de su país con la agenda regional y mundial, luego del “aislamiento” provocado por su antecesor-, propuso actualizar proyectos comunes de infraestructura, reactivar la cooperación en salud, acciones coordinadas para enfrentar el cambio climático, crear un mercado energético sudamericano, formar un programa de movilidad regional académica y reanudar la cooperación en el ámbito de la defensa. Además de implementar iniciativas de convergencia regulatoria, facilitando y desburocratizando los procedimientos de exportación e importación de bienes, creando unidades monetarias para comercializar sin la dependencia del dólar.

En este contexto Bolivia es hoy protagonista de este intento de recuperar UNASUR. El Presidente Luis Arce destacó el gran potencial que tienen los países de América del Sur, ya que permiten a la región ingresar a la transición energética, tecnológica y digital.

Nuestro mandatario argumentó que es fundamental trabajar juntos para promover los intereses de la región, pues la pandemia del coronavirus puso al descubierto la importancia de la colaboración en la salud pública, la investigación científica y el intercambio de recursos.

Pero la colaboración tiene que ir más allá del ámbito de la salud para llegar a sectores clave, como la economía, el medio ambiente o la seguridad donde se puede fortalecer las capacidades de respuesta mediante la cooperación regional, ante futuras emergencias sanitarias y otras crisis globales, de acuerdo a necesidades y realidades destaco.

La posición de Bolivia, expresada por el Presidente Arce y en sintonía con Brasil y Argentina, establece que es más fácil corregir y cambiar lo que sea necesario y consensuado de UNASUR, que conformar una nueva institucionalidad que demoraría años y con la incertidumbre de que llegue a su meta, debido principalmente a los intereses internos y externos sobre las riquezas naturales de los países miembros. UNASUR es un mecanismo de diálogo y de concertación política que tuvo el gran valor de unir y abrir una agenda de construcción regional en diversas materias, como defensa, seguridad, democracia, derechos humanos, energía, entre otras.

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La visión amplia de la integración adquirió una gran importancia estratégica para unir al Sur y para conectarla, al mismo tiempo, con otros emergentes mecanismos de concertación política y de integración a nivel de América Latina y el Caribe, como la CELAC. Por ello, que en el actual sistema internacional de configuración de orden multipolar, que permite una mayor gravitación e influjos de los países en vías de desarrollo, UNASUR podría potenciar el bloque sudamericano de países, en la negociación y relación con otros bloques como los BRICS, la Unión Europea y Asia. Pero también protegerse como bloque frente a las amenazas, expresadas hace poco por el Comando Sur, de los Estados Unidos

Finalmente el documento acordado entre los presidentes en Brasilia destaca que : «la integración regional debe ser parte de las soluciones para afrontar los desafíos compartidos en la construcción de un mundo pacífico; el fortalecimiento de la democracia; la promoción del desarrollo económico y social; la lucha contra la pobreza, el hambre y todas las formas de desigualdad y discriminación».

Con el compromiso de trabajar por el incremento del comercio y de las inversiones entre los países de la región; implementar mecanismos de superación de las asimetrías y la importancia de mantener el diálogo regular, con miras a impulsar el proceso de integración en América del Sur y proyectar la voz de la región en el mundo de configuración multipolar.

Por ello el recuperar a UNASUR, deja de ser tan solo un deseo y se convierte en una necesidad.

(*)Hugo Siles Nuñez del Prado es internacionalista y politólogo

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Una complicada transición política

Se acortan los espacios para la gestión democrática en la medida en que suben las tensiones en el campo político.

/ 2 de julio de 2023 / 06:18

DIBUJO LIBRE

Las arenas de conflictividad que afronta el gobierno de Luis Arce y David Choquehuanca se desarrolla en tres ámbitos, que son los siguientes: en primer lugar, el desempeño de la gestión gubernamental; luego, la disputa al interior del MAS-IPSP; y, finalmente, la relación con las fuerzas opositoras.

Arenas de conflicto

A lo largo de los dos años y medio, el principal asunto de preocupación gubernamental giró en torno a la permanencia de la estabilidad económica. La crisis de la disposición de dólares que estalló en el cuarto mes de 2023 junto a la caída de las RIN y la quiebra del Banco Fassil, puso en evidencia la fragilidad del modelo de gestión, generando incertidumbre colectiva que requirió de manera inmediata, la emisión de mensajes públicos e implementación de acciones de mitigación (Ley del oro y políticas de control de pérdidas al subsidio de combustibles). Sin embargo, la sensación de precariedad aún sigue latente, dada las dificultades en la captación de recursos para fortalecer las RIN, el saneamiento fiscal, etc. En suma, uno de los baluartes más preciados del gobierno: la estabilidad y crecimiento económico, vanagloriada como el principal capital político del presidente ha sido fuertemente afectado.

El cronograma y el encauce del nuevo ciclo electoral que debiera iniciarse este año con la organización de las elecciones judiciales se ha visto obstruida a partir de las tensiones que devienen de las arenas de conflictividad en la relación Gobierno/oposición como de las disputas al interior del partido oficialista. Al respecto, la modalidad de hacer política, tanto del oficialismo como de la oposición, continuó marcado por los clivajes que retrotraen la crisis política de finales de 2019 y, con ello, la división del campo político en una lógica binaria: golpe/fraude, masista/anti-Mas. El fracaso en el establecimiento de una metodología de selección de la lista de candidatos en la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP) y, la atención de un recurso abstracto de inconstitucionalidad interpuesto por un parlamentario opositor detuvo el proceso de selección de candidatos a las magistraturas del Órgano judicial, abriendo la posibilidad de suspensión del evento electoral e incertidumbre sobre su realización.

En torno a las tensiones al interior del MAS-IPSP que escenifica la conformación de dos bloques denominados: “evistas” que controlan la estructura partidaria versus “renovadores” o “arcistas” vinculados a la estructura gubernamental, se fueron recrudeciendo. Las acusaciones de los “evistas” a la conducción y decisiones gubernamentales han resultado mucho más efectivas que la lograda por la oposición partidaria. Al respecto, acontecieron tres eventos que marcan el grado de distanciamiento de ambos bloques y liderazgos y, con ello, visibilizan la abierta disputa en torno al modelo decisional del “instrumento político” y de la gestión gubernamental. La confluencia de ambos liderazgos: el presidente Arce y expresidente Morales en un evento del MAS-IPSP, entrevió concepciones y estilos disimiles en torno a la conducción y organización política. Asimismo, la aparición pública del exvicepresidente Alvaro García Linera como un intento de mediación para atemperar la disputa interna fue desautorizada y calificada como intrascendente por ambos bloques. Y, finalmente, la interpelación opositora al ministro de Gobierno, Eduardo del Castillo, que resultó procedente con apoyo de los “evistas” en la ALP marcó un hito, al parecer, sin retorno en los diferendos de ambos bloques. Por último, después de la aprehensión de Fernando Camacho, Gobernador de Santa Cruz y su traslado a la sede de gobierno en calidad de detenido con distintos procesos en curso y, la implicación de una buena porción de las elites empresariales cruceñas en el escándalo de la quiebra del Banco Fassil, sumada a la muerte intempestiva del interventor, ha complicado el desempeño de las fuerzas opositoras que parecían encontrar un nodo de confluencia en el accionar de las elites cruceñas. Por ello, más que una confluencia de fuerzas con un mínimo de coordinación estratégica predomina un situación dispersa y testimonial de oposición simbólica a las decisiones gubernamentales sin gran éxito e impacto político.

Prospectiva y desafíos

La prospectiva manifiesta la continuidad de los factores que han configurado las arenas de tensión descritas arriba. Es previsible que en los meses subsiguientes acontezcan eventos que profundizaran las tensiones que anidan en su seno. Las posibilidades de juego e interacción para una adecuada gestión democrática son cada vez más estrechas y limitadas.

Una variable sensible y, a la vez, contingente, es la gestión económica que, como se ha señalado, ha sido afectada en su confianza y credibilidad. El devenir de este escenario dependerá mucho de las iniciativas y decisiones gubernamentales para manejar y, a la vez, remontar la susceptibilidad de los actores económicos y, en general, de la sociedad. Al parecer, las medidas de mitigación y de control de las variables macroeconómicas debiera combinarse con políticas de atención a las emergencias y/o contingencias que permitan, de manera inmediata, afrontar lo urgente como es el caso de la falta de circulación de las divisas.

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En torno a la gobernanza política, el inicio del ciclo electoral con la organización de las elecciones judiciales se encuentra en ciernes y a merced de las tensiones del juego político en la relación Gobierno y fuerzas opositoras. El escenario es que la gobernabilidad no está garantizada ya que es previsible que no sólo acontezca la modificación del cronograma electoral; sino, de no lograrse los acuerdos para la confección de la lista de candidatos entre las fuerzas del oficialismo (“evistas” y “arcistas”) como externas, la cancelación de estas elecciones daría lugar a la designación interina de las autoridades judiciales por el Órgano Ejecutivo. En ese sentido, las prerrogativas decisionales del presidente aparecerían como el recurso extraordinario de resolución del conflicto en detrimento de la ALP y de las fuerzas políticas con representación parlamentaria.

En torno a la disputa interna del MAS-IPSP que adquirió ribetes de confrontación y fractura a lo largo del primer semestre del 2023, es previsible el incremento de la virulencia discursiva en torno a la gestión gubernamental que buscaran capitalizar denuncias de corrupción, narcotráfico, ineficiencia, autoritarismo, etc. Y, con ello, el desmarque de parlamentarios y actores de reparticiones estatales generando conflictos de gobernanza en la gestión legislativa y gubernamental, y en el seno de las organizaciones sociales que apoyan y sustentan al Gobierno y, a la vez, son parte de la estructura del MAS-IPSP. Por último, después de la detención de Luis Fernando Camacho, gobernador de Santa Cruz y su reclusión en la cárcel de Conchocoro, las fuerzas opositoras han regresado a la dinámica fragmentada y anómica sin posibilidades de que, en el corto plazo, logren activar movilizaciones ciudadanas y sociales como las acontecidas a finales de 2022 en Santa Cruz.

Al parecer, el desafío general de la transición política supone relajar el esquema binario y polarizador que aún predomina en los formatos de hacer política e incorporar así nuevos dispositivos que posibiliten la interacción policéntrica y pluralista. Ensanchar y/o ampliar las posibilidades de gestión de las arenas de conflicto podría modificar no solo los estilos de hacer política, sino iniciar el nuevo ciclo de gobernanza democrática.

(*)Fernando García Yapur es doctor en ciencias sociales y políticas

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