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Saturday 20 Apr 2024 | Actualizado a 12:40 PM

La XIX feria amplía su oferta con editoriales del país y el exterior

Crecimiento. De Uruguay y Argentina llegarán instituciones que venderán obras

/ 30 de julio de 2014 / 06:46

Esta noche abre la Feria Internacional del Libro de La Paz (FIL), que en su versión XIX amplía la oferta de editoriales y por ende de autores, tanto del país como del exterior, permitiendo al visitante acceder a un mayor número y variedad de textos.

“Desde este año, la oferta que tenemos se ampliará geométricamente, en parte porque ya tenemos el espacio adecuado como para invitar a más editoriales, autores y distribuidoras. Además, estamos trabajando para que los países invitados puedan llegar con una gran batería de material”, aseguró la gerente de la Cámara Departamental del Libro de La Paz (CDLLP), Patricia Navarro.

La organizadora anunció que en ese sentido este año se ha roto el récord de participación de escritores independientes en el stand de la Cámara, con 90 con relación a los 68 de 2013.

Respecto a los socios de la CDLLP, la feria de este año comenzará esta noche con un homenaje a la librería y editorial Gisbert y Cia., una de las más antiguas de la ciudad. Este es un acto que se repetirá cada año, en reconocimiento al aporte cultural de los integrantes de la Cámara. Asimismo destacó que hay nuevas editoriales que han conseguido su propio espacio cuando antes comercializaban sus obras mediante otras distribuidoras.

Tal es el caso de El Cuervo, que en anteriores ediciones trabajaba con la librería El Pasillo, ahora tendrá su propio stand. “Hemos crecido lo suficiente y también la feria, es hora de trabajar por nuestra cuenta, presentar nuestro material”, consideró Fernando Barrientos, director de la empresa nacional.

Y en esta oferta destaca la edición boliviana de la novela El orden del mundo del escritor uruguayo Ramiro Sanchiz, quien presentará el texto el sábado 9 de agosto en el salón Jaime Saenz.

Navarro indicó que este tipo de acuerdos forman parte de los objetivos de la CDLLP. “Queremos que nuestros socios publiquen a autores del exterior y que nuestros escritores sean editados afuera. Es una buena manera de dar a conocer nuestra literatura y facilitar a los lectores bolivianos el acceso a obras del exterior”, dijo.

Además de presentar El orden del mundo, Sanchiz informó a La Razón que también traerá dos de sus novelas, Perséfone y La vista desde el puente, para venderlas en el espacio de la Embajada de Uruguay, el país invitado de este año.

No será el único. El embajador de esa nación, Carlos Flanagan, prometió que su oficina trabajó para que quienes asistan a la FIL puedan acceder a la producción literaria de su país en general, no solo a la que escribieron los seis autores invitados.

“Un eje central de nuestra participación es que no queremos limitarnos a mostar los libros que se producen en Uruguay. Hemos gestionado la participación de 17 editoriales que traerán sus tomos para que la gente pueda adquirirlos”, aseguró Flanagan.

Lo mismo ocurre con Argentina. La embajada de ese país y la editorial boliviana Plural se aliaron para presentar libros de cuatro editoriales universitarias pequeñas, adelantó Wara Godoy Ruiz, coordinadora del programa de la feria paceña.

Navarro explicó que este aumento de participantes del exterior se debe a que ahora la FIL cuenta con el espacio suficiente como para invitar a nuevos participantes al evento. La gerente reconoció que la falta de un campo ferial adecuado impidió en versiones anteriores invitar a editoriales extranjeras. Pero, la disponibilidad de un espacio grande permite a la CDLLP negociar con un año de antelación la participación de libreros del exterior.

De hecho, la Cámara ya realizó la invitación a las autoridades culturales de Perú para su participación el próximo año. Asimismo, Navarro informó que tendrá mayor libertad de invitar a libreros de otros países, independientemente si pertenecen o no a la nación invitada.

O a librerías y distribuidoras del resto del país, especialmente aquellas que publican sus obras de forma independiente. Para subsanar este olvido está un colectivo de jóvenes editores que instalarán un stand para que los libros artesanales de pequeño tiraje de otros departamentos puedan ser expuestos.

“En varias ciudades del país hay muy buenos escritores que no reciben el reconocimiento que merecen porque no tienen recursos para darse a conocer al público. Son personas que producen sus propios libros con imprentas pequeñas, incluso algunos mecanografían los textos y preparan a mano las ediciones”, explicó José Villanueva, uno de los organizadores de esta iniciativa.

El stand reunirá las obras de escritores de Cochabamba, La Paz, Potosí, Sucre y Tarija, entre otros. Los tirajes son pequeños —entre 100 a 200 ejemplares como máximo— y son comercializados directamente por los autores.

Según los datos de los organizadores, la mayoría de las obras a presentarse son poesía, aunque también tienen narrativa, textos académicos y revistas. Se podrán encontrar volúmenes desde los Bs 5,  hasta los Bs 40.

Navarro agregó que este stand también sirve para que los autores entren en el sistema legal, es decir que regularicen sus inscripciones al ISBN, como ordena la vigente Ley del Libro.  “En la feria no vamos a recibir libros sin este registro y en el stand del Servicio Nacional de Propiedad Intelectual (Senapi) se informará sobre el proceso”, agregó la gerente.

Datos de la XIX Feria del libro

Periodo. La Feria Internacional del Libro de La Paz abrirá sus puertas esta noche a las 19.00 y finalizará el domingo 10 de agosto.

Espacio. Se realizará en el bloque Rojo del campo ferial Chuquiago Marka. Los salones de presentación y exposición están en el bloque Amarillo.

Transporte. Desde mañana la feria contará con buses gratuitos. Las paradas estarán en la Plaza del Estudiante y en la Plaza del Estadio. Saldrán cada media hora.

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El Loro de Oro se moderniza y lanza su nuevo portal

La plataforma del Loro de Oro permite solicitar tu aviso en línea y ser publicado en la página web y en la edición impresa.

El Portal del Loro de Oro. Foto: La Razón.

/ 4 de julio de 2023 / 15:50

La renovada plataforma del Loro de Oro, el suplemento de publicidad del diario La Razón, permite al cliente solicitar la publicación de su anuncio clasificado en línea en la página web www.lorodeoro.la-razon.com y en la versión impresa del periódico.

Renata Barbato, del área de Marketing de La Razón, explicó que el portal fue renovado para que los lectores tengan mayor posibilidad de subir sus avisos de forma digital, cómoda y accesible.

La herramienta permite cargar anuncios fácilmente desde el hogar, la oficina o desde un dispositivo móvil. Gracias al Portal del Loro de Oro, el cliente puede publicar anuncios digitales, tanto para La Razón como para el Extra.

Además, ofrece una experiencia única al usuario al tener una amplia variedad de categorías que abarca la venta de inmuebles, vehículos y un abanico de servicios en diversos ámbitos. La plataforma cuenta con filtros por ciudad, lo que permite una llegada nacional.

El Portal del Loro de Oro ofrece la opción de cargar una foto principal y seis fotos adicionales. Asimismo, el lector podrá colocar el link de su video de YouTube o Tik Tok para complementar la información.

La nueva plataforma ofrece tres tipos de anuncios clasificados digitales: normal, destacado y con imagen. En cuanto al anuncio normal, el producto tiene un costo de 13 centavos por carácter; el anuncio destacado, 21 centavos, y el anuncio con imagen, 80 centavos.

Las opciones de pago habilitadas son: tarjeta de crédito, QR Simple, BNB, Tigo Money, VISA, Mastercard, Lives Checkout y pagos en agencias.

Para ingresar al portal y beneficiarse de los nuevos servicios, el cliente deberá registrarse con un correo electrónico. Posteriormente, será habilitado para realizar su anuncio.

El cliente también podrá publicar su anuncio de forma tradicional en las agencias en la calle Loayza, calle 21 de Calacoto en La Paz y en el edificio Cielo Mall en la ciudad de El Alto y todas las oficinas de La Razón y el Extra en el país.

Por su lanzamiento, en el mes de La Paz, todos los anuncios que se publiquen en las páginas azules serán publicados en el nuevo Portal del Loro de Oro como un regalo para los lectores.

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Potosí celebra 212 años de su gesta libertaria

Potosí recuerda el alzamiento por la vía de las armas de sus habitantes.

Vista del cerro rico de Potosí.

Por Boris Góngora

/ 10 de noviembre de 2022 / 06:36

Efeméride de Potosí

Hoy, 10 de noviembre, Potosí celebra los 212 años de la gesta libertaria de 1810, en que sus habitantes decidieron buscar la libertad e independencia de lo que fue la Real Audiencia de Charcas.

De acuerdo con el historiador José Fuentes López, la revolución del 10 de noviembre de 1810 fue la consecuencia de un proceso político y social resuelto por la vía de las armas.

Dicho proceso puso fin al dominio español, que generaba malestar entre algunos segmentos de la población potosina.

El sábado 10 de noviembre, según el historiador Édgar Valda Martínez, una multitud se reunió en la plaza principal y depuso al gobernador intendente don Francisco de Paula Sanz y nombró nuevas autoridades.

En ese movimiento independentista “habían participado personas de distintas clases, tales como criollos, mestizos, indígenas, negros y otros, y ese movimiento tuvo sus repercusiones favorables en el departamento potosino”.

Agregó que por eso no es raro que en los Lípez, Coroma, Puna, Chichas, Chayanta, Mataca y otras comunidades, la participación indígena fuera determinante.

Fue importante en muchos aspectos ya que cortaban la comunicación del ejército realista de Norte a Sur, La Paz con los Chichas o Tarija con Chuquisaca.

Tejados de antiguas construcciones de Potosí.

Se terminó de construir en 1773. Su arquitecto fue Salvador de Vila. En la foto, una vista interior del edificio.

Una muestra de cómo los indígenas acuñaban monedas en la época colonial.

Es otra de las delicias gastronómicas que no se puede dejar de consumir en tanto se visita Potosí. Fotos La Razón Archivo

Confites potosinos, una herencia gastronómica que data de la Colonia.

Gesta

Este movimiento potosino, según López, tiene como marco la ilustración y los triunfos de Cotagaita y Suipacha, lo que permitió a los potosinos levantarse, tomar la plaza e ingresar al cabildo, apresando al gobernador Sanz.

“El pueblo armado con espadas y macanas superó a las fuerzas realistas que cubrían las cuatro esquinas de la plaza mayor e ingresó en el edificio de la Gobernación”.

“Se contentaron con poner al gobernador preso en su casa bajo guardia y a los tres días, después de un intento de fuga, lo trasladaron a la Casa de la Moneda”, dijo López.

Agregó que al quedar constituido el nuevo Cabildo fue designado para presidirlo Melchor Daza.

Ese personaje desempeñó un papel preponderante en las batallas emancipadoras hasta formar parte de la Asamblea Constituyente que declaró la independencia de Bolivia.

Entre los principales actores de la revolución de Potosí se puede destacar a Salvador Matos, Pedro A. Ascárate, Eustaquio Eguívar, Alejo Nogales y Mariano Nogales.

Además de Joaquín de la Quintana, los hermanos Millares, Manuel Molina, Melchor Daza, Diego Barrenechea, Pedro Costas y Manuel Ulloa.

Para Valda, otro dato importante es el de 1811, cuando se produjo en agosto la contrarrevolución realista, que apoyada por esa multitud de gente saqueó las casas de los revolucionarios Manuel Millares y Salvador de Matos.

En el proceso, evidenciaron que dentro de los bienes de Millares se había encontrado un sello con la inscripción “Viva la Patria, Viva la Libertad y la Independencia”, tal cual anota un estudioso sobre estos hechos.

Bases

Por nuestra parte, dijo Valda, encontramos manuscritos en los que se registra como uno de los bienes de Matos, un sello con la leyenda “Libertad, Unión e Independencia”, algo así como las bases ideológicas que este francés tenía desde que había llegado a tierras potosinas.

Todas estas manifestaciones son parte esencial de que todos los participantes que buscaron la libertad e independencia para la Audiencia de Charcas, hoy Bolivia.

La riqueza arquitectónica de los balcones de la colonia.

Tradición del buen comer se remonta a la época colonial

La tradición del buen comer potosino se remonta a la época colonial.

Según el historiador Édgar Valda, los gustos españoles se mezclaron con los sabores americanos, como ocurrió en otras ciudades.

Las comidas, se caracterizan por tener como ingredientes base el maíz, la papa, el chuño, la quinua y la carne de camélidos.

Se destaca esa oferta gastronómica en una ciudad a 4.060 metros sobre el nivel del mar donde el frío cala hondo.

Entre los más apetecidos están la k’alapurka y el ají de achacana, pero también se encuentran exquisitos picantes de gallina, conejo y los confites potosinos.

Los gustos y sabores se acomodaron a los estilos culturales que provenían de otros países del viejo continente.

Según el chef Francisco Aguirre Guerra, uno de los platos que se impuso es el ají de achacana.

Es plato viene de una raíz de cactus silvestre que se encuentra en zonas aledañas a la ciudad capital y que se muele bien antes de freírla.

La sopa de piedra o k’alapurka es otra de las delicias que no puede dejar de consumirse. Su principal característica es que dentro de la sopa se introducen piedras volcánicas negras calentadas al carbón.

Pero también mantienen un calendario gastronómico que relaciona los meses con algunos platos. En enero es típico el lechón al horno y en febrero, la parrillada y el puchero.

Marzo es el mes del picante de pollo, y abril, del ají de sardinas y el locro. En mayo, el fricasé, el mondongo y el ají de carne. En junio, la lagua de choclo y el saice.

Es tradicional que el ají de vizcacha se cocine en julio y la k’alapurka, en agosto. En septiembre es el turno del ch’acchu (preparado con carne de cerdo) y en octubre, del ají de habas.

También puede leer: Arce anuncia millonarias inversiones para impulsar el desarrollo productivo de Potosí

Una vista general de la ciudad de Potosí y el imponente Cerro Rico en un periodo de caída de nieve. Foto. La Razón Archivo

El turismo potosino, industria que busca abrirse un espacio

La ciudad de Potosí, pese al avance de la modernidad y a los nuevos tiempos, mantiene vivas varias tradiciones e instituciones que forjaron su identidad y que hoy le dan brillo.

Esto ha dejado entrever una vez más la riqueza histórica y el potencial turístico que posee esta tierra.

Todo eso recupera el atractivo que tuvo en la época de la Colonia y los primeros años de la República.

Eso gracias a la gran riqueza que se explotó del Cerro Rico, el yacimiento de plata más importante en el mundo.

Sin competir con el coloso, pero con su identidad propia, paseos como el Boulevard, la riqueza arquitectónica de sus iglesias y edificios coloniales, las lagunas del Khari Khari.

Además, los ingenios mineros y la Casa Nacional de la Moneda, una de las construcciones más importantes de la arquitectura civil colonial en Sudamérica.

Todas son las manifestaciones culturales y características propias de esta región que quedan profundamente satisfechos por conocer este sitio de trascendencia mundial.

Si bien los circuitos turísticos comienzan en la ciudad capital, declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco, otros atractivos a los que se da importancia en el desarrollo para el turismo.

Así, parte de la oferta turística incluye a las lagunas de colores y desiertos blancos en el sudoeste de la región, ubicados en el salar de Uyuni.

Finalmente, la Reserva Nacional de Fauna Andina “Eduardo Abaroa”.

En Toro Toro destacan las huellas de dinosaurios y en Tupiza y Atocha, las aventuras de los norteamericanos Butch Cassidy y Sundance Kid.

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La guerra desde adentro

Por Édgar Arandia Quiroga

/ 6 de agosto de 2022 / 03:30

Bolivia, 197 años de independencia

Los primeros conquistadores que se asentaron por estos territorios, Hernán Cortés (1519) en México y Francisco Pizarro (1532) en Abya Yala, estaban guiados por la codicia y la posibilidad de obtener la gloria para la Corona. Para ello aplicaron la espada junto a la Biblia, dos instrumentos poderosos de conquista y colonización para someter tanto al cuerpo como al espíritu de los habitantes originarios de estas tierras.

Para la historiografía tradicional, el proceso de conquista culminó en la segunda mitad del siglo XVI, cuando se sometió a Tenochtitlan y Cajamarca, y la finalización de la colonización el año 1776, con la declaración de independencia de los Estados Unidos y a partir de entonces, la creación de las repúblicas.

Sabido es que las fuerzas criollas, es decir los descendientes de los conquistadores españoles, se arrogaban mayores derechos que sus antecesores porque habían nacido en tierras invadidas y, muchos de ellos, concubinado con mujeres indígenas y procreado hijos.

Los derechos de los conquistadores estaban amparados por leyes y normas llegadas desde la Corona y la posibilidad de intentar una simetría entre ambos grupos de poder solo podía darse por un cambio social y económico. Ambos grupos descansaban sobre las espaldas de las naciones indígenas que sostenían esa estructura a través de la mita, la encomienda y otras formas de explotación domésticas. La creación de las repúblicas solo fue un cambio de familias y las formas de explotación continuaron con otros barnices.

Durante estos periodos de inicio y finalización de la conquista y la colonización, continuaron las sublevaciones indígenas; así, en 1536, Mallku Inca inició actos de resistencia militar que fueron continuados por Sari Túpac y Titu Cusi Yupanqui. Estas confrontaciones fueron aplastadas ferozmente por la superioridad bélica de los conquistadores y formaran parte del tiempo de la Auca Pacha, el tiempo de las confrontaciones bélicas que continuarán en territorio boliviano —ya en la república criolla— hasta la Guerra Federal (1898- 1899) con resultados igualmente adversos a las fuerzas indígenas; sin embargo, estos fracasos militares sentaron un precedente ante las fuerzas criollas que asumieron su temor al indio y cerraron filas para evitar conflictos que pongan en riesgo sus intereses de casta. Zárate Villca escribió en la proclama de Caracollo, en su intento de incluir a los grupos mayoritarios indígenas a la república criolla: “2do. Con grande sentimiento ordeno a todos los indijinas que guarden respeto con los vecinos y no hagan tropelías (ni crismes) porque todos los indijinas han de levantarse para el combate y no para estropear a los vecinos/ tan los mismo deben respetar a los blancos o besinos a los indijinas porque somos de una misma sangre y deben quererse como entre hermanos e indianos (sic). 28 de marzo de 1889”. El resultado de la solicitud de respeto fue su asesinato.

Esta constatación sobre la dificultad de vencer al colonizador español o al criollo republicanos por medio de las armas motivaron en los líderes indígenas a recurrir a la memoria larga del movimiento durante la colonia del Taki Unkuy (1565), que se expresó primero en Huamanga y se expandió en todo el territorio de Charcas, en la zona centro andina conformada por el eje Lima-Cuzco La Paz-Chuquisaca. Este movimiento articulaba rasgos de la religiosidad aymara quechua, con una mística nueva que intentaba reencontrarse con las antiguas divinidades de la naturaleza cercana a los seres humanos, rechazando el dogma católico, implantado a sangre y Biblia.

INDIOS. El cronista Molina relata: “…resalieron muchos predicadores luego de los indios, (…) andaban predicando esta resurrección de las huacas, diciendo que ya las huacas andaban volando por los aires, secas y muertas de hambre; porque los indios no le sacrificaban ya, ni derramaban chicha; y que habían sembrado muchas chacras de gusanos para plantarlos en los corazones de los españoles, ganados de Castilla y los caballos y también en los corazones de los indios que permanecen en el cristianismo”. Este movimiento político religioso continúa hasta nuestros días en Bolivia, sus formas y estrategias han cambiado (fiestas patronales, fraternidades, colectivos), la forma de resistencia político- cultural ha generado un movimiento inusual en todo el territorio boliviano, incluido las tierras bajas por la expansión de las migraciones internas y su influencia seguirá creciendo, pese a la resistencia conservadora que desea replicar las formas republicanas de exclusión y explotación.

Édga Rarandi Aquiroga es artista y antropóm logo. es docente de la universidadmayor de san andrés numsao.

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La situación de los indios en el debate para la primera Constitución Política del Estado boliviano

Por Esteban Ticona Alejo

/ 6 de agosto de 2022 / 03:29

Bolivia, 197 años de independencia

Entre 1825 y 1826 hubo un debate muy interesante de los primeros diputados del país que discutían el contenido de la primera Constitución Política del Estado. El qué hacer con los indios, sobre todo, a lo referido a su condición de contribuyentes económicos y su aptitud de ciudadano es de profunda preocupación. En el libro Trabajos de la Diputación permanente se da cuenta de la instalación y el debate de los primeros diputados de la nueva República, iniciado con la primera sesión el 9 de noviembre de 1825 y finalizado el 31 de diciembre de 1826. Las 972 páginas de este documento, más su índice, nos permite evaluar cómo fueron las sesiones y los temas que se discutieron acaloradamente en más de un año de trabajo del Poder Legislativo del flamante Estado boliviano.

Hay varios temas de disputa que nos llaman la atención, pero para esta oportunidad nos interesa acercarnos al debate sobre los indígenas. Dos temas se discuten ampliamente: el incremento del pago de impuestos a los habitantes ancestrales y por el otro, su calidad de ciudadanía.

Los debates están llenos de frases y comparaciones entre el pasado colonial y el presente nacional, además de las múltiples secuelas de la guerra de los 15 años. También se puede evaluar las categorías sociales vigentes y sobre todo la estratificación social de la República de Bolivia con un alto espíritu imitativo a lo europeo y liberal.

Sobre el pago de impuestos al flamante Estado, el representante Callejo expresaba: “Los indios son más recargados porque a más de la contribución personal tienen que pagar la industria y de sus propiedades, cuya suma es mucho mayor que los tributos anteriores; las demás clases son impuestos con tres pesos…” (pág. 248).

Hay que recordar que en la época colonial los indios pagaban tributo entre los 18 y 50 años de edad, pero en la República este pago se extendió a entre los 18 y 60 años. Indudablemente este ensanchamiento en tiempos marcaba una de las diferencias o “castigos” respecto a los otros sectores sociales que apenas contribuían con tres pesos, como mencionaba el diputado Callejo.

PAGO. En la discusión se busca el pago directo de los indios y no el indirecto, porque el Estado no encontraba un sustento seguro para sobrevivir en los primeros años de la vida republicana. Otros diputados como Molina justificaban “el gasto de ahorros de los indios” porque en sus fiestas efectuaban borracheras y desórdenes. Textualmente dice: “Si algún ahorro podían hacer los indios de todo esto en el curso de algunos años, era para dar una fiesta en la que nos pagaba por el culto, que por la satisfacción de sus borracheras y desórdenes…” (pág. 262).

Tildar a la fiesta de los indios como la generadora de borracheras y desórdenes fue seguir pensando y actuando con el profundo desprecio del comportamiento negativo en los inicios de la sociedad boliviana. Este legado e imaginario aún se manifiesta actualmente.

Como sabemos por varios estudios, durante el siglo XIX el Estado boliviano vivió de los tributos de los indios, aunque se llamaba “contribución indigenal”. En las discusiones de los representantes se alude a mostrar cifras y realizar censos para una mejor justificación del cobro directo a los indios.

Indudablemente el debate más importante y acalorado que tuvieron los representantes fue el referido a la otorgación de la calidad de ciudadanía de los indígenas. Son absolutamente conscientes que son la mayoría de la población de la flamante sociedad boliviana, pero no sabían leer ni escribir el español.

Por ejemplo, el diputado Aguirre señalaba: “… que estando la mayor parte de la Nación compuesta de la clase indíjena no parecía regular, el que, sin tener culpa alguna de no saber leer, ni escribir, se lo privase del único derecho de que podía gozar…” (pág. 418). A pesar de esta justificación y comprensión del diputado Aguirre, éste sugiere 10 años de gracia para estimular a los indios para que se instruyan en la lectoescritura dominante.

Bozo, otro representante en el Congreso, expresaba sobre el analfabetismo de los indígenas: “…que esta calidad no se ecsijía por castigar a los indios, porque se les consideraba, y eran en efecto muy estúpidos y semejantes a los niños…” (pág. 418). Esta calificación a los indios de estúpidos y su semejanza con los niños no era la adjetivación del momento, sino que venía desde la mentalidad social y jurídica colonial. Considerar al indio como niño dio sustento al derecho colonial, la justificación de tener tutores.

ROLES. Lo que se devela también en estos debates es uno de los roles de los curas de la época con respecto a los indígenas: la educación y el adoctrinamiento. El mismo Bozo, refiriéndose a un caso, expresaba: “…el de un indio de la provincia Larecaja, a quien sus paisanos lo habían quemado como a un brujo…” (pág. 419). Atribuyó la incapacidad del indígena al descuido de los curas, que no le enseñaban “las buenas costumbres coloniales”. Aquí reluce la política de la “extirpación de la idolatría”, porque sencillamente el afectado era yatiri, pero es tildado de brujo. En el presente aún existe esta profunda confusión entre yatiri y brujo.

El indio no solo era borracho, estúpido, niño, brujo, sino que en la primera Constitución que se proyectaba podía ser peligroso también, porque era la población mayoritaria. El diputado Molina expresaba al respecto: “…había en las demás partes de la Constitución una popularidad ecsesiva…” (pág. 419).

Otro diputado, Calvo, en tono sarcástico, dijo: “…ya se hacía necesario el ocurrir a Roma para que otro Paulo V declarase racionales a los indíjenas. Que estos eran dueños del país y más naturales que los blancos, por lo que era injusto privarles de esta prerrogativa.” (pág. 420) Esta ironía de Calvo era la realidad, pero por la situación de la dominación colonial no era posible ese reconocimiento pleno a los pueblos ancestrales, en términos formales. Aunque los pueblos indígenas siempre lucharon para ser reconocidos como actores y contribuyentes de la Bolivia india.

¿Desde qué año se prohibió que las personas que no sabían leer ni escribir en castellano no fueran consideradas ciudadanos? La primera Constitución Política del Estado de Bolivia de 1826, en su artículo 14 señala que para ser ciudadano es necesario saber leer y escribir el castellano, pero “que esta calidad solo se exigirá desde el año mil ochocientos treinta y seis” (CPE, 1826. En Gaceta Oficial de Bolivia, 2019:7).

En las Constituciones Políticas del Estado de 1831 y 1834 no se hace ninguna mención al tema. Entre la década de 1826 y 1836 se hizo una pausa para que los indios aprendan a leer y escribir el castellano. En términos formales, la indiada podía votar en estos años mencionados. ¿Lo hicieron? Si fue así, ¿cómo fue esa experiencia? ¿Cómo fue la política de incentivo del Estado y la sociedad boliviana para que los indios aprendan a leer y escribir en español?

La Constitución de 1839, en su artículo 12, expresa: “Solo los ciudadanos que sepan leer y escribir, y tengan un capital de cuatrocientos pesos…gozan del derecho de sufragio en las elecciones” (en Gaceta Oficial de Bolivia, 2019:109). La Carta Magna de 1839 da el inicio formal a la prohibición para las personas que no sabían leer ni escribir. Pero ¿por qué se explicitó en 1839? ¿Por el fracaso del Estado en la educación castellanizante, sobre todo a los indios? O ¿fue una decisión política de racismo contra los indios?

Volviendo al debate de los primeros diputados, Callejo, a pesar de su denuncia a favor de los indios, no deja de ser excluyente cuando hace referencia a los “cholos” como “tribus errantes” o que los “africanos y sus descendientes son generalmente improductivos”, y para frenar sugiere la implantación de catastros y censos para cobrar un sistema de rentas (pág. 282).

Hay otros temas que nos llaman la atención, por ejemplo, las adjudicaciones del territorio de los Yuracarés y el inicio de la construcción del camino a Mojos, acompañado de por medio por una especie de cruzada cristiano-católica mediante misiones como la de San Francisco, la Asunción y Chimoré. El flamante Estado boliviano de 1826, mediante sus representantes, tenía el imaginario de que las tierras y los pueblos de la Amazonía eran casi inexistentes y habría que colonizarlas. Aquel ficticio argumento se reeditó con el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) post 1952.

En conclusión, los primeros representantes políticos heredan todo el prejuicio racial colonial, a excepción de algunos diputados que tratan de entender a los indios. Prevalece la idea de la búsqueda de personas cultas e inteligentes para ser consideradas ciudadanos plenos, frente a la gran mayoría de indios que supuestamente no lo eran y que sencillamente son tildados de borrachos, estúpidos, niños, brujos, irracionales, etc. Está claro que la religión católica es parte activa de estas preocupaciones como parte del Estado, con profundo cimiento colonial, aunque se llame republicano. El debate no solamente fue entre los diputados, sino también con los representantes del Poder Ejecutivo, aunque estuviesen en calidad de invitados en algunas sesiones.

Esteban Ticona Alejo es sociólogo y antropólogo. doctor en estudiosculturales latinoamericanos. docente enlauniversidad mayor de san andrés (umsa) y autor de varios libros sobremovimientos indígenasycampesinos e investigación cualitativa. cofundador del taller dehistoria oral andina (thoa).

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Las independencias antes de la Independencia

Este título sugestivo, acuñado en un seminario en el Perú, revela un debate que se desarrolla hace varios años entre historiadores de los países latinoamericanos, para encontrar nuevas miradas sobre lo que ha significado la consecución de la Independencia de nuestros países.

Por Fernando Cajías de la Vega

/ 6 de agosto de 2022 / 03:29

Bolivia, 197 años de independencia

Este título sugestivo, acuñado en un seminario en el Perú, revela un debate que se desarrolla hace varios años entre historiadores de los países latinoamericanos, para encontrar nuevas miradas sobre lo que ha significado la consecución de la Independencia de nuestros países.

Evocamos el 6 de agosto de 1825 como la fecha fundacional de nuestro país y, eso tiene su gran base porque ese día se consolidó la Independencia; pero al evocar no podemos quedarnos en recordar solo el inicio de una era sin comprender que ese momento fue resultado de un largo proceso de luchas militares y sociales, además de profundos cambios políticos y de mentalidades.

Por estas razones es que actualmente es preferible hablar del proceso hacia la Independencia y no exclusivamente de Guerra de la Independencia. Otro aspecto que también ha merecido revisión, ya desde hace décadas, pero que todavía genera polémica, es que tradicionalmente se consideró que el cambio político se inició en 1808, con la crisis de la monarquía española, la invasión de Napoleón a España y las consecuencias que estos hechos tuvieron en América con los movimientos juntistas de 1809 y 1810.

Sin desmerecer que la coyuntura de 1808 fue fundamental para la Independencia, no se puede desconocer que el proceso hacia la emancipación empezó décadas antes. Por supuesto que la resistencia de los indígenas a la dominación española tiene antecedentes desde la colonia temprana, también las diferencias entre criollos y europeos; pero es a partir de la segunda mitad del siglo XVIII cuando el proceso hacia la Independencia se consolida en varios frentes.

El que más se desarrolló en esos años fue el indígena. Su descontento partió de las pensiones fiscales a las que estaban sometidos: el tributo, la mita y, sobre todo, el reparto mercantil. Este último, legalizado en 1751, consistía en la distribución obligada a los indios de mercaderías traídas de Europa como de productos de América. Los indios estaban obligados a recibirlas, sean útiles o inútiles, en los precios fijados por el Corregidor.

En la segunda mitad del siglo XVIII existía una relativa acomodación al tributo, inclusive, pese a sus abusos, a la mita; pero el reparto significó la ruptura del frágil equilibrio existente. Por eso en el siglo XVIII se han contabilizado un centenar de rebeliones indígenas contra el tributo, pero sobre todo contra el reparto. Fueron manifestaciones antifiscales, pero también tuvieron objetivos políticos, como terminar con los corregidores y caciques encargados de los cobros.

Existen varios ejemplos de esas rebeliones. En 1730, el mestizo Alejo Calatayud dirigió una revuelta en Cochabamba contra la tentativa de incluir en la tasa de tributarios a los mestizos. En 1739, abortó una rebelión en Oruro, en la que Vélez de Córdoba se proclamó nieto del Inca y dispuesto a levantarse contra los españoles. Particularmente interesante fue la rebelión de Condo Condo (Oruro) contra los abusos de los caciques cobradores de tributos. En Sica Sica, los comunarios mataron al Teniente de Corregidor en 1770, como parte de una rebelión identificada en contra del reparto de mercaderías. Lo mismo pasó en Jesús de Machaca.

Todas estas rebeliones tuvieron carácter local hasta que explotó la sublevación general de indios de 1780-1782, producto de un largo proceso del descontento indígena, agudizado a mediados de la década del 70 por la política de las Reformas Borbónicas.

Si bien estos movimientos fueron fundamentalmente de carácter económico y social, se los vincula al proceso hacia la Independencia, porque también reflejan el deseo de una transformación política que acabe con los abusos del antiguo régimen. La mayoría de las rebeliones locales terminaron con la vida de corregidores y caciques, pero lo más importante desde el punto de vista político fue el “Nacionalismo Inca”; desde las rebeliones tempranas estuvo presente la idea de restaurar el Tawantinsuyo y con ello el gobierno del Inca.

Para que esas revueltas se integraran y tuvieran objetivos más estructurales era necesario un liderazgo aglutinador que creció y se consolidó luego de un largo proceso de legitimación. Existieron varios líderes aglutinadores, pero destacaron especialmente dos familias: los Amaru, cuzqueños y quechuas, y los Catari, caciques aymaras. De las dos familias, la de los Amaru adquirió mayor preeminencia por su descendencia directa de los incas.

En la Sublevación General de Indios destacaron José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru, su primo Cristóbal, su sobrino Andrés y su esposa Micaela Bastidas; entre los Catari de Chayanta, Tomás, Dámaso y Nicolás. Mención especial requiere la figura de Julián Apaza y su esposa Bartolina Sisa, que no eran de la línea noble de caciques, pero tuvieron una gran convocatoria, uniendo a los Amaru y los Catari en el cerco de La Paz y de Sorata, utilizando el nombre de Túpac Catari.

La Rebelión General logró algunos de sus objetivos, como la eliminación del reparto y el cargo de Corregidor; pero sus líderes fueron víctimas de muertes crueles, como público escarmiento.

El otro frente de descontento contra el régimen español fueron los criollosmestizos o frente urbano. En la segunda mitad del siglo XVIII la coyuntura principal para ello, fueron las Reformas Borbónicas, que trajeron la reordenación profunda de las relaciones administrativas, militares y mercantiles entre la Metrópoli y las colonias; reajuste de las instituciones, elección de nuevas entidades político-administrativas, reformas que produjeron un gran descontento.

Una de las primeras medidas que produjo un gran malestar fue la expulsión de los jesuitas en 1767, cuyo mayor efecto se vivió en Moxos y Chiquitos y en todas las ciudades donde los jesuitas estaban presentes. Pero fueron, sin duda, las medidas administrativas y fiscales las que causaron mayor irritación, especialmente el aumento de los impuestos al comercio y la erección de aduanas. La Paz y Cochabamba fueron el escenario de revueltas urbanas contra las aduanas; la más grave fue el 12 de marzo de 1780 en La Paz, que obligó al obispo de la ciudad a suspender los nuevos impuestos.

Las Reformas Borbónicas pusieron en evidencia la crisis del sistema colonial y la fuerte rivalidad entre criollos y europeos, así como el creciente antieuropeísmo y la construcción paulatina de la identidad americana. Sin embargo, cuando se dio la rebelión en 1780, el descontento criollo se replegó; más pudo el miedo a los indígenas radicales que, con el desarrollo de la sublevación, ya no distinguían entre el blanco europeo y el blanco americano. Pero, también se debió a un conflicto de intereses y diferencias de objetivos entre los rebeldes indígenas y rebeldes criollos.

En la única ciudad, en la que se unieron la rebelión indígena y la revuelta criolla, fue en Oruro, donde el 10 de febrero de 1781, después de una matanza de españoles, los criollos tomaron el poder aliados a los indígenas. Los conflictos políticos reflejados en la lucha abierta por el poder local de la Villa; los conflictos económicos originados por las deudas de mineros criollos a comerciantes europeos; la desconfianza y el desprecio social mutuos fueron la causa fundamental del enfrentamiento. La poderosa aristocracia minera criolla, encabezada por los hermanos Rodríguez y su empleado Sebastián Pagador, con el apoyo de la plebe y de las comunidades indígenas circunvecinas, establecieron un gobierno que duró varios años. La alianza con los indígenas duró pocas semanas; pero una vez derrotados éstos, los líderes criollos de Oruro fueron reprimidos brutalmente.

La represión no significó la supresión del descontento. En la década de los 90, por diversos medios llegó la influencia de la Revolución Francesa y las ideas de la Ilustración. Aunque no se dieron movimientos similares a los anteriormente descritos, en esta década y en la primera del nuevo siglo, se fueron gestando reuniones, lecturas, rumores que transformarían la cultura política, tanto en Perú como en Charcas y en las otras regiones hispanoamericanas. Es así que apenas surgió la coyuntura favorable de 1808 y de 1810, las rebeliones se multiplicaron por cientos.

También entre los indígenas de tierras bajas y en el mundo africano esclavizado se dieron otras independencias. Uno de los casos más emblemáticos es el de los guaraníes, que no tuvieron un proceso hacia la Independencia, como las otras etnias, porque ya eran independientes. Una independencia con el alto costo de la guerra de siglos contra los españoles. Guerra con treguas y combates. Precisamente a principios del siglo XIX, la guerra guaraní volvió a estallar y, su máximo capitán, Cumbay, unió fuerzas con Belgrano y los esposos Padilla.

Los afrodescendientes tienen su mayor epopeya en la rebelión de Haití, la más radical y la primera del siglo XIX. Entre los varios protagonistas afros destaca la figura de Franciscote, con su rebelión abortada, en agosto de 1809, en Santa Cruz.

En esas independencias antes de la Independencia se lograron, aunque temporalmente, mayores transformaciones económico-sociales que en las repúblicas recién fundadas. Talvez porque viejos aliados de la contrarrevolución se acomodaron a lo inevitable. Pese a ello, parafraseando a la historiadora peruana Claudia Rosas, la permanencia de las estructuras sociales coloniales durante las primeras décadas republicanas, no significó la ausencia de transformaciones políticas profundas desde 1808, y desde décadas antes.

Con base en: Cajías, Fernando, ‘Acomodación, resistencia y sublevación indígena’ en Historia de América Andina, Volumen III, El Sistema Colonial Tardío, Quito, Universidad Andina, 2001.

Fernando Cajías De La Vega es Historiador, catedrático de launii versidadmayor de san andrés jumsak y de la universidadcatólica boliviana jucbk.

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